Cuando Barcelona era Chicago (1917-1923)

Cuando Barcelona era Chicago (1917-1923)

Viendo en televisión la película La verdad sobre el caso Savolta me interesé por la época que reflejaba, la Barcelona de principios del siglo pasado y de la cual sólo tenía algunas referencias; días después pude ver otra película que abarcaba la época de entre 1917 a 1923, La sombra de la ley, que hizo que siguiera en mi búsqueda.

Barcelona, ciudad sin ley. Al igual que Chicago de los años 20, con la Ley Seca, fue tomada por los gángters, la convulsa Barcelona del primer cuarto del siglo XX acabó resolviendo sus problemas laborales y sindicales entre algunos patronos de la alta burguesía y muchos obreros anarquistas (la mayoría de ellos no apoyaban los actos violentos), en ocasiones a tiros en garitos o en medio de las calles. Era la época del pistolerismo

La forma de vestir, los coches que inundaban las calles, los espectáculos eran los mismos. En Chicago había contrabando de alcohol, pero en Barcelona, el alcohol y la droga eran permitidos. Eran los «felices años 20» y después de la Primera Guerra Mundial, España era productor de todo tipo de materiales para los países del eje y también para los aliados a los que vendía armas, ropa, alimentos… Hubo un gran crecimiento económico en Cataluña y el País Vasco. Debido a ese esplendor la gente de dinero vivía una vida de lujo demandando espectáculos selectos que no había ni en París ni Chicago. Fueron apareciendo nuevos teatros, cabarets… Y por contrapartida reivindicaciones obreras.

Tiempos convulsos que ya habían empezado a finales del siglo XIX removieron la ciudad y abrieron caminos violentos en las calles de la que ya empezaba a ser un referente en un mundo moderno. Barcelona, a finales del primer cuarto del siglo pasado ya era una ciudad de unos 600.00 habitantes. Y supo sacar provecho de su neutralidad ante una Europa que estaba en guerra, la primera guerra mundial, y la industria vivía una época de bonanza al poder abastecer a ambos bandos, con lo que las clases pudientes fueron prosperando aún más.

En ese tiempo las clases populares hicieron emerger una cultura, un nuevo ritmo urbano que hizo que la ciudad basculara del provincianismo al cosmopolitismo (El Periódico). Muchas de estas personas habían venido de otros lugares de España, como Andalucía (“La crisis de la minería y el retroceso en el sector de la uva de mesa llevó a que, ya en la temprana fecha de 1920, más de 40.000 almerienses se hubiesen visto obligados a emigrar, preferentemente con destino a Cataluña.” Según el Centro de estudios andaluces), aragoneses, valencianos, etc., también habían recalado en Barcelona en busca del desarrollo industrial. Era una ciudad abierta y algo laxa, por lo que fueron llegando, además, otras gentes, incluso de Europa de más oscuras pretensiones.

Pero estas clases populares no participaban de los beneficios de la clase burguesa teniendo unos sueldos excesivamente bajos y una gran precariedad laboral. Esto hizo que los obreros empezaran a movilizarse.

En medio de un ambiente enrarecido por los constantes enfrentamientos entre los trabajadores y los empresarios debido a esa precariedad laboral, el mundo obrero catalán influido por las ideas socialistas y sobre todo anarquistas (CNT, sindicato fundado en 1910), que ya en 1909, tuvieron su resonancia en la llamada Semana Trágica [levantamiento popular como protesta por el alistamiento de hombres para hacer frente a la insurrección de las tribus rifeñas en Marruecos, que fue reprimida, pero que aportó algo muy importante para toda revolución como era un mártir: Francisco Ferrer y Guardia (pedagogo anarquista y librepensador), así como la convicción de su poder movilizador]

Barcelona durante la Semana Trágica

Los partidarios anarquistas habían cogido las riendas de los movimientos obreros para impulsar mejoras, utilizando la huelga y los actos violentos, incluido el atentado en algunas ocasiones, todo ello como medidas de presión. Es en este clima en el que surge el pistolerismo, práctica utilizada principalmente por ciertos empresarios catalanes particularmente entre 1917 y 1923, denominado terrorismo blanco,  y que consistía en contratar pistoleros para matar a destacados sindicalistas y trabajadores, y así frenar sus reivindicaciones, en algún caso acompañadas de violencia, el terrorismo anarco-sindicalista o acción directa, que a veces se utilizaba de forma indiscriminada como el atentado del Liceo de Barcelona en 1893, que dejó 20 muertos y más de una veintena de heridos durante el estreno de la ópera Guillermo Tell, el 7 de noviembre de 1893 (La Vanguardia). 

La crisis social estaba enfrentando a un movimiento obrero, dividido entre socialistas y anarquistas, que utilizaban tanto métodos pacíficos (huelgas) como violentos como ya hemos mencionado, y una patronal que utilizaba todo tipo de tácticas (desde los esquiroles al pistolerismo). Dicha práctica causó la muerte de 400 personas: 50 patronos,170 sindicalistas, 80 Obreros, 30 policías del sindicato libre.

El poder de la CNT en los centros de trabajo fue en aumento, lo que dio lugar a numerosos conflictos laborales por las reivindicaciones de mejoras por parte de los obreros (habría que señalar que la mayor parte de los miembros de este sindicato anarquista reprobaba los actos violentos, pero había grupos que sí los ejercían).

Huelga de la Canadiense

Un suceso destacable de este periodo fue el éxito de la CNT en la «Huelga de La Canadiense «(1919), que consiguió que España se convirtiera en el primer país en promulgar la «Jornada de ocho horas» jornada de ocho horas, entre otros (Cataluña contemporánea, II, 1900-1939. Estudios de Historia Contemporánea, Albert Balcells, Siglo XXI editores). 

Ante estas circunstancias y el creciente clima de crispación y violencia, los empresarios respondieron imponiendo cierres patronales y despidiendo a numerosos trabajadores por sus actividades, condenándolos al hambre y la pobreza. La Federación Patronal también creó los llamados sindicatos «libres» o amarillos, dirigidos por ellos con el fin de intentar dividir al  «Movimiento obrero» Los empresarios y sus pistoleros contaron con el apoyo del gobierno, que protegió el terrorismo empresarial mientras perseguía a los anarquistas con la promulgación de la célebre «Ley de Fugas» , que autorizaba a la policía a disparar a los reos que “huyeran” de prisión.

El vuelo del águila

El vuelo del águila

Majestuosamente volaba el águila cerca de las nubes. Desde allí arriba divisaba con su aguda mirada los severos tajos de las montañas, la suave alfombra de la pradera y el perezoso fluir del cristal nítido con el que los ríos se deslizan en busca del mar. Los ojos vivos de esa singular ave escrutaban todos los recónditos e inaccesibles lugares de la libertad. Esos ojos guardaban un secreto.

Donald Trump, aguza una nueva polémica en Las Colinas Negras, tierra sagrada para una decena de tribus indígenas de las Grandes Llanuras de los EE.UU., donde se encuentra el monte Rushmore, en el que están talladas las figuras de los cuatro presidentes estadounidenses, lugar que los indios consideran el «corazón de la Tierra». Apunta Nick Tilsen, un miembro de la tribu Oglala Lakota y activista del colectivo indígena NDN que «El monte Rushmore es un símbolo de injusticia, de desigualdad racial y de supremacismo blanco en Estados Unidos». Esa tierra quedó “profanada”, según las tribus, entre 1927 y 1941, cuando los taladros y la dinamita fueron conformando en una de sus laderas de granito las caras de los expresidentes estadounidenses George Washington (1789-1797), Thomas Jefferson (1801-1809), Abraham Lincoln (1861-1865) y Theodore Roosevelt (1901-1909). Los cuatro de ofensivo recuerdo para los indios norteamericanos; como lo es el arquitecto del monte Rushmore, Gutzon Borglum, que afiliado al grupo supremacista blanco Ku Klux Klan (KKK) antes de trabajar en ese proyecto, afirma Tilsen. Y sigue comentando que, Washington y Jefferson esclavizaron a decenas de afroamericanos, mientras que Roosevelt intentó evangelizar a muchas tribus y afirmó que «el único indio bueno es un indio muerto»; pero el peor para muchos es Lincoln, el presidente que abolió la esclavitud. «Abraham Lincoln era un asesino en masa de personas indígenas», sentenció Tilsen, al recordar que ese mandatario ordenó la que se considera la mayor ejecución masiva de la historia de EE.UU., el ahorcamiento de 38 nativos americanos en Minnesota en 1862.

En los EE.UU. se está preparando un cóctel explosivo con tres ingredientes de principal peso como son: la población negra junto a los que la apoyan en los conflictos acaecidos desde el homicidio de George Floyd, la COVID19 con tantos muertos y contagiados y la polémica postura de Trump como si con él no fuera esta historia (no hay mayor alucinación que la de aquél que no quiere ver la realidad y evita la evidencia), y ahora la población indígena indignada con la celebración del 4 de julio, impulsada por el presidente de los Estados Unidos, en la que consideran tierra sagrada y que les pertenece según el tratado de Fort Laramie en 1868 en el que firmaron Washington y Nube Roja (considerado como jefe de estado de la nación sioux) el tratado de paz demandado por el primero. Nube Roja podía afirmar que había ganado una guerra a Washington militarmente y diplomáticamente al prevalecer las condiciones del Jefe indígena y no aceptando las de Washington.

Años después se esparcieron rumores sobre el descubrimiento de oro en esas montañas, hecho verificado por una expedición de Custer en 1874.

En ese momento, la economía de EE.UU. se enfrentaba a la Gran Depresión de 1873 y los mineros se embarcaron en una fiebre del oro en los «Black Hills», violando así los tratados y la ley federal. Estas intrusiones en territorio indio provocaron el enfado de los Lakota (sioux) y de sus aliados. Ante esta situación Tatanka lyotanka (Toro Sentado) y Tasunka Witko (Caballo Loco) declararon la guerra a los intrusos y a los Estados Unidos.

En la actualidad son muchos los historiadores que creen que la administración de Ulysses S. Grant provocó esta guerra por causa del oro. El objetivo habría sido la apertura de los «Black Hills» (Colinas Negras) para ayudar a la economía de los EE.UU. a salir de la Gran Depresión.

En medio de estas guerras indias se da la batalla de “little big horn” en la que el teniente coronel Custer y casi 300 soldados norteamericanos (el famoso y recordado tantas veces en el cine 7º de caballería) perdieron la vida en un gran fracaso militar el 25 de junio de 1876 (día grande para los indios norteamericanos) ante los sioux unidos a los cheyenes y arapajó hartos de engaños por parte del “hombre blanco” al seguir quitándoles tierras y desplazándoles a zonas peores sin hacer caso a los tratados firmados. Aquella batalla fue una masacre para los soldados norteamericanos por el error de cálculo de Custer, que se vio acorralado por los guerreros indios norteamericanos comandados por Toro Sentado e impulsados por la convicción y el ímpetu de Caballo Loco. La guerra la ganaron los soldados estadounidenses, pero esta batalla opacó todos los triunfos del ejército norteamericano.

A partir de este momento los nativos indígenas fueron perdiendo sus tierras y conducidos al hambre y a la miseria, y acabaron rindiéndose. Al tiempo, tanto Caballo Loco, como Toro Sentado posteriormente, fueron asesinados.

Siempre quise subir por los peldaños ocultos del misterioso río, atravesar sus mágicos parajes y aprender de las raíces de sus bosques en los que se encuentran la savia que genera los pensamientos nobles. Allí, en la paz de los sueños, se desliza entre la fronda la brisa del tiempo. Y en ese estado de placidez se ve el vuelo del águila aparecer entre las olas que agitan el viento. Y acompañando al águila de cabeza blanca, los espíritus de cuatro jefes indios (Nube Roja (Makhpyia Luta), Toro Sentado (Tatanka Iyotanka), Caballo Loco (Tasunka-Witko) y Cochise (Shikhashe) planean con toda su majestuosidad sobre las Colinas Negras reivindicando ser sus dueños y mostrando su deseo de reintegración en la naturaleza como tierra sagrada y no como explotación turística.

Los movimientos antirracistas que están enardeciendo los ánimos de los ciudadanos estadounidenses ha calado muy de lleno y se ha transmitido como la pólvora a Europa, Australia y otros países… (en Canadá se pide que los negros canadienses sean tratados de igual modo que los blancos, pues también han contribuido en igual medida a la creación de ese país). Y ha comenzado una corriente que está empujando a revisar parte de la Historia, que están cuestionando a algunos personajes que aparecieron siempre como héroes y a países que fueron o son potencias y que fundamentaron su origen o su economía en la explotación de otros pueblos o la esclavización de seres humanos. O reyes como Leopoldo II de Bélgica que en contra de la opinión de los belgas organizó a nivel personal la inhumana explotación del Congo para la obtención de caucho y marfil.

Quien ha visto cómo planea el águila bajo el cielo envuelta en su fastuoso manto, sabe quién reina en la perspectiva de las nubes. Así vuela la conciencia del hombre noble, del hombre sabio sobre las injusticias del mundo que han provocado dolor y sufrimiento. Del hombre que cree a pies juntillas que todo ser humano tiene los mismos derechos y obligaciones, y debe ser tratado como igual bajo el prisma de los derechos humanos y de ser reconocida su historia, sus creencias, su cultura y su pasado.

Veinte dólares de color negro

Veinte dólares de color negro

Lo que hace el color de las cosas; nos atraen más o nos atraen menos, incluso llegamos a rechazarlas por su color. A la hora de elegir los objetos que vamos a comprar nos fijamos en su color, por ejemplo la ropa, etc.; muchos  alimentos nos apetecen o no por su color.

El 25 de mayo murió asfixiado un hombre por utilizar un billete de 20 dólares falso. No murió por ser falso el billete, sino porque las manos, la cara y el alma de ese ser humano eran de color negro; según quienes lo conocían era un hombre de bondadoso color negro. ¿Si hubiese sido de otro color hubiera costado tan barata su vida? Como cantaba Antonio Machín: “…si sabes que en el cielo también los quiere Dios…”.

George Floyd, esposado, tumbado en el suelo, con la rodilla de Derek Chauvin, agente de policía blanco sobre su cuello durante más de nueve minutos… “No puedo respirar”, decía agónico. Ni siquiera hubo compasión. Y murió asfixiado. Ahí sí está la diferencia entre los seres humanos, en la catadura moral, y no en el color de la piel. Las imágenes de este vídeo se hicieron virales y han mostrado al mundo la existencia, como prueba gráfica, del profundo problema social y sistémico que ha estado presente en EE.UU. durante siglos, y que aún hoy es real. Cientos y cientos de personas han salido a la calle en protesta por este homicidio y por otros recientes de personas de color.

La profesora Jane Elliott, que enseña a combatir el racismo, y que ha recibido el Premio a la Excelencia en Educación de la Asociación Nacional de Salud Mental de EE.UU. y en 2016 fue una de las cien mujeres más destacadas por la BBC, en una entrevista comentó que: “No puedes abusar de un grupo de gente inteligente durante 300 años y esperar que aguante indefinidamente”

La condición de muchos de avasallar a los que no consideran iguales, a los que piensan de forma distinta o a los que tienes creencias diferentes es ancestral y aún hoy perdura en cierta parte de la población. Hay quienes ven como inferiores a quienes no consideran iguales, porque el centro de la medida es el “yo” y ampliándolo a la tribu, el “nosotros”. Y esa condición ha sido constante a lo largo de la Historia. Ya desde la más remota antigüedad existía esta consideración de desigualdad, incluso se llegaba a ver como práctica aceptada y a veces esencial para el desarrollo económico la posesión de esclavos, personas que no disponían de libertad y eran considerados como objetos que se poseían, y el dueño podía vender, comprar, regalar o cambiar por una deuda. Los esclavos, la mayoría de las veces, pertenecían a diferentes etnias ya que la esclavitud suele estar basada en un fuerte prejuicio racial, según el cual la etnia a la que pertenece el dueño es considerada superior a la de los esclavos. La principal fuente de obtención de estos esclavos era la conquista de otros pueblos; aunque también se daba el caso de individuos que se vendían ellos mismos o a algún familiar para pagar deudas o era el castigo para quien cometía algún delito.

Si se hace un recorrido por la Historia veremos que en casi todas las zonas del planeta el esclavismo era práctica habitual desde Mesopotamia, India, China, pasando por Grecia y Roma; y hasta los pueblos azteca, inca y maya. Incluso el islam en el siglo VII reconoció desde sus orígenes la esclavitud. Y en la España medieval, tanto cristianos como musulmanes hacían, vendían y compraban esclavos.

Con el descubrimiento de América se da impulso al comercio de esclavos africanos por parte de los países europeos. Desde el siglo XV hasta mediados de 1870, alrededor de 12 millones de africanos fueron trasladados a América para ser explotados como servicio doméstico, trabajando en la recolección de algodón, labores del campo, etc., muriendo muchos en el viaje por las pésimas condiciones con las que se transportaban.

Pero siempre hubo pensamientos humanos más evolucionados y conciencias más desarrolladas que con el paso de los siglos han ido impregnando las paredes del espíritu humano de una sensibilidad más humanizada, y así, fueron aflorando ciertas ideas que iban removiendo la visión de los tiempos y que cada vez iban barnizando a más personas. Este fue el caso de las consideradas como las primeras ideas abolicionistas defendidas por el aragonés Francisco de Jara (1645-1690) franciscano capuchino, y su compañero Epifanio de Moirans (1644-1689), que lucharon contra la esclavitud de los negros en América. Y posteriormente, con el liberalismo (siglos XVIII-XIX), la abolición de la esclavitud, se hace patente en su ideario al proponer la igualdad racial, junto a la libertad de expresión y de prensa, y la igualdad de género entre otras.

Fue a finales del siglo XVIII (Dinamarca 1792) y durante el siglo XIX cuando los países empiezan a ver necesaria la abolición de la esclavitud. Y por fin la Convención Internacional sobre la Esclavitud, celebrada en Ginebra en 1926, y en la que participaron los 38 países de la Sociedad de Naciones, aprobó la supresión y prohibición del comercio de esclavos y la abolición total de cualquier forma de esclavitud. Las propuestas surgidas de esta convención se confirmaron en la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1948.

Ya como antecedente primero a “Los Derechos Humanos” se dan “Los Decretos de Ciro el Grande”, que Ciro, primer rey de la antigua Persia, proclamó sobre los derechos humanos y se grabaron en lenguaje acadio y con escritura cuneiforme en un cilindro de barro cocido (el cilindro de Ciro) tras liberar a los esclavos de Babilonia en 539 a.C., cuando su ejército  conquistó la ciudad de Babilonia. Ciro liberó a los esclavos, y declaró que todas las personas tenían derecho a escoger su propia religión, y estableció igualdad entre las razas. Este grabado antiguo se ha reconocido actualmente como el primer documento de los derechos humanos en el mundo. Está traducido en los seis idiomas oficiales de las Naciones Unidas y sus disposiciones son análogas a los cuatro primeros artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.                   

Aparte de éste hay otros documentos posteriores que afirman los derechos individuales como La Carta Magna (1215) firmada por Juan I de Inglaterra, la Petición de Derecho producida por el Parlamento Inglés y enviada a Carlos I como una declaración de libertades civiles concedida en 1628, la Constitución de los Estados Unidos (1787), la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), y la Declaración de Derechos de los Estados Unidos (1791, también conocida como las “diez enmiendas”).

A pesar de todos estos logros sustanciales en reconocimiento y legislación, no se habían visto consolidados estos derechos en la práctica y aparecen personajes que marcan hitos en defensa de la igualdad de trato, de respeto social y ante la ley. Este es el caso de Rosa Parks, la mujer negra que no cedió su asiento a un blanco en el autobús en 1956, la cual fue arrestada y acabó en el calabozo y con una multa de 14 dólares, pero desató un movimiento social contra el racismo sin precedentes. O la lucha pacífica de Martin Luther King, pastor estadounidense de la Iglesia bautista, que fue un activista que estuvo al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroestadounidenses, y participó en numerosas protestas contra la guerra del Vietnam y la pobreza en general. Por su lucha para terminar con la segregación estadounidense y la discriminación racial a través de medios no violentos le fue concedido el Premio Nobel de la Paz en 1964. Cuatro años más tarde fue asesinado.

Ya hoy, a raíz de la muerte de George Floyd en Minneapolis y otras tantas ciudades estadounidenses se han producido revueltas por esta nueva injusticia racial que se está transformando en una rebelión en todo el país. Estas protestas han traspasado las fronteras de Estados Unidos llegando a Ámsterdam, París, Berlín, Sídney, Toronto… convirtiéndose en alegatos contra el racismo.

Desde que unas balas mataron a Martin Luther King en Memphis, Tennesse el 4 de abril de 1968, no se había visto una respuesta ciudadana tan masiva y enérgica como la de estos días con manifestaciones e incendio de una estación de policía en Minneapolis… En muchas ciudades se ha decretado el toque de queda y la respuesta policial es más dura (balas de goma, gases lacrimógenos, incluso se han visto imágenes de coches patrulla arremetiendo sobre manifestantes). 

Y aquí, en pleno siglo XXI, con tantos adelantos, varios milenios a nuestras espaldas, montones de teorías superadas, enfoques modernos del mundo, acumulación de la historia de la sabiduría en nuestras mentes, siendo los seres humanos más evolucionados… tenemos que convivir con escenas que nos relata la televisión, que en estos tiempos en el país considerado como el más avanzado y rico del mundo se den desigualdades tan extremas entre ‘los amigos del dólar’ y aquellos que viven sumidos en la necesidad y casi desconocen el color de los billetes (cosa que sucede en todos los países).

Se puede caer en el error, quizá por necesidad, de entregar un billete falso con el agravante de ser un billete de 20$ de color negro. Racismo y pobreza. Para algunos la vida vale muy poco.

Se viene diciendo que el dinero estadounidense se actualiza y lo hace con una mujer esclava negra en los billetes de 20$, entre otros cambios en otros billetes.

El “Tesoro de los Estados Unidos” oficializó que la figura elegida es Harriet Tubman, una mujer negra que escapó de la esclavitud y ayudó a otras personas a hacer lo mismo. Este cambio iba a tener lugar el año 2020, fecha en la cual se cumplirían 100 años del derecho a voto femenino en ese país (esto fue promovido por Barack Obama pero Donald Trump, partidario del actual billete por su admiración a Jackson, el presidente que envió a la Nación Cherokee a recorrer un Sendero de Lágrimas, tras firmar el decreto que expulsaba a los indios de sus territorios, que lo aplaza hasta 2028.

Es de desear que no sólo llegue la representación de las personas negras hasta los billetes, sino que se garantice una vida más digna a la gente marginada. Que Harriet Tubman sea el primer paso para mejorar las condiciones de la gente necesitada ahora que el mundo está más sensibilizado con los movimientos nacidos a raíz de la muerte de George Floyd. Este es tiempo de plantear cambios sociales que amparen a todos.

Este coranavirus

Este coranavirus

El ser humano es capaz de llegar a la grandeza de las gestas más nobles, aunque también fluctúa entre lo más bajo de un estado de miseria a lo más alto de una banal gloria. 

En medio de este baile marcado por los compases de la economía y del estado del bien estar y que mueve la rueda de los países ricos dejando atrás a los pueblos que no pueden seguir el ritmo de la música o no han sido invitados a la fiesta…, en medio de esta época gloriosa de altibajos en la economía (pero siempre dentro de la “prosperidad”…) apareció su nombre: CORONAVIRUS.

Vivimos en medio de un mundo donde el hombre es ser privilegiado, ser que ocupa la cabecera de la pirámide, señor de la naturaleza y del mundo, impulsor de viajes por el universo, inventor de los más sublimes artefactos, impulsor de las mayores grandezas, héroe que cabalga a lomos de todos los siglos, sabio de intelecto firme; creador, poeta, filósofo y artista; pero como contraposición, propagador de guerras, que contamina mares y continentes y el aire que respiramos. Grandilocuentes afirmaciones que se han visto truncadas por la nueva visión de vulnerabilidad que se cierne sobre la humanidad por esta pandemia que el COVID-19 extiende con tanta velocidad.

La televisión se llena de palabras. Los representantes de los gobiernos se convierten en actores para tranquilizar a la ciudadanía diciendo que no pasa nada, que todo está bajo control. Y los ciudadanos no tienen otra opción más que confiar en los políticos que dirigen la nave.

Y los ciudadanos, sentados en su sofá, confinados en el salón, ven como la vida corre llevando su propio ritmo y  por inercia la siguen. Un ritmo apagado, enclaustrado en casa, encerrados en sus propios corazones, con ansia de vida, de libertad.

En medio de todo esto, las televisiones, las emisoras de radio y la prensa entera… el boca a boca y las redes sociales fueron cambiando la actitud de las personas. Un solo nombre, CORONAVIRUSCOVID-19, fue transformando las sensibilidades, las relaciones de solidaridad, de empatía, de preocupación de unos por otros… Y la vida de las personas. Hasta los niños lo están pasando mal. Los padres tratan de ayudarles con los trabajos que los maestros les mandan por correo electrónico y Plataformas digitales; y también se ven agobiados porque tienen que estar todo el día encima de ellos para que se distraigan, y eso se hace pesado un día y otro día…

Y la vida sigue, ahora son más importantes las personas que las empresas, las vidas que las ganancias, la salud que la plusvalía. ¡Lo que hacen las guerras y las catástrofes!

Guerras, sí; como  en estado de guerra. Confinados en casa sin poder salir, sólo a lo imprescindible: pan, alimentos, productos de higiene, medicinas, hospitales… Todo está cerrado. Comercios, agencias, fábricas, empresas, colegios y universidades. Y las fábricas y trabajos que siguen funcionando han transformado sus actividades y producen materiales para sostener la defensa contra el “COVID-19”: respiradores, mascarillas, ropa protectora, geles antisépticos… y alimentos. Parece economía de guerra en una guerra bacteriológica.

Un sabio refrán castellano dice: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar”. Pero se ve que los gobernantes de los países no conocían este refrán y han dejado campar a sus anchas a un enemigo silencioso e invisible hasta que ya estaba dentro de casa, y ya dentro, era difícil combatir. Porque este enemigo no sabe de fronteras, de etnias, de pueblos, de países, de naciones ni de razas. Los dirigentes han sido excesivamente confiados…, y miles y miles de vidas se han ido quedando en el camino. Pérdidas familiares, económicas, cuántos se han quedado sin trabajo y sin ingresos, cuántos están pasando la enfermedad, el confinamiento, la pérdida de libertad… ¡Este sufrimiento!

Pero ahora queda “el todos a una”. Unidos para salir de esta pesadilla. Una pesadilla que se alarga. Unidos con ánimo y esperanza entrelazando los brazos. Donde hay un hogar hay una esperanza… donde hay un corazón, está la esperanza.

Se oyen las palmas. Son las ocho de la tarde y la gente ha salido a los balcones como todas las tardes a aplaudir agradecidos a los héroes de las penurias que se sacrifican por seguir hilando la vida de aquellos a los que les ha vencido la fuerza. Son médicos, enfermeras, personal sanitario, que como héroes, se enfrentan a la enfermedad muchas veces sin la protección necesaria, cosa que hace que ellos también se vayan contagiando, llegando a morir en muchos casos; pero también son todos los que por el bien de la comunidad se arriesgan a estar al pie del cañón ofreciendo sus servicios para que el resto de ciudadanos estén tranquilos en medio del confinamiento.

Atrás quedará toda esta pesadilla informe, el confinado. Y quizá esta forzada reclusión haya hecho meditar a la gente cómo ha vivido, en cómo ha sido las relaciones con las demás personas, de qué forma se ha llevado la vida social, el ritmo de vida con el que se ha movido, las posibilidades que se tenían y se han restringido, el cómo utilizar la propia energía en el quehacer diario, en cómo emplear el tiempo libre, cuáles serán las nuevas prioridades y si va a afectar al sistema de valores y a la forma de vida.

Las ocho, otro día más se llenan los balcones de palmas y de solidaridad. Seguramente a partir de ahora se valorará más el sistema sanitario para que esté a la altura de estas nuevas circunstancias y otras que quedaban descuidadas en pro del ahorro para invertir en otras partidas presupuestarias y los ciudadanos sean más exigentes, reconociendo la labor de todo el personal sanitario y las labores hospitalarias, los centros de salud y las farmacias; se deberá poner en valor el conocimiento científico y apoyar el esfuerzo en la investigación en beneficio de la colectividad. La educación de los niños y su aprendizaje centrándolo en los intereses de cada alumno. Reorganizar los intereses de la economía para que la riqueza se distribuya de manera más racional, pues la riqueza si repercute en todos es más riqueza. Vistos los resultados puede que se ponga en práctica con más asiduidad el teletrabajo que ayude a conciliar los horarios por el bien de las relaciones familiares; quizá se vea la necesidad de cambiar los hábitos de ocio para dedicar más tiempo a aquello que muchas veces se ha dicho como son la lectura y escuchar música y que por falta de tiempo no se ha puesto en práctica. Puede que se derroche menos en las salidas de fin de semana. Y quién sabe si se puede lograr entre todos una sociedad más unida y solidaria en la que la gente se siga preocupando por los problemas de los demás igual que se hace en estos momentos críticos de nuestra vida.

En esta travesía, alejados de otros muchos seres queridos, de amigos y compañeros, sin poder realizar las actividades cotidianas, se ha mirado la vida desde otro ángulo, se ha visto desde una perspectiva diferente; porque la vida, bajo estas condiciones, nos ha enseñado lo frágiles que somos, lo indefensos que podemos estar, lo olvidado que teníamos lo esencial de la existencia y lo superficial de muchas de las cosas que hemos valorado hasta ahora.

Y cuando la gran nave del confinamiento que nos ha protegido descubra tierra firma, será entonces cuando Noé vuelva a atracar en un paraíso virgen desde donde poder descender de nuevo a las calles, a las plazas, hasta los amigos, volver a disfrutar del sol y de las gotas de lluvia, del aire fresco de la mañana, del canto de los pájaros, del vuelo de las gaviotas, del perfume de las flores, del cruce de hermosas miradas, de la sonrisa de un saludo, de la alegría de las estrellas en la noche, del sonido de las olas en la playa y del olor de mar mirando su horizonte y poder hacer volar los sueños, alimentar las ilusiones y poner a andar nuevos proyectos.

Aunque también existe la posibilidad de querer volver a llenar los bares, de querer retornar a la vida de antes, de olvidar lo que hemos sentido y aprendido en este confinamiento.

Estáis haciendo llorar al poeta

Así, os aseguro que nacieron los sentimientos humanos, esos que hicieron surgir la sensibilidad y la poesía.

Miles de años después, el hombre poeta crece llorando porque el mismo hombre mata esa sensibilidad que dio humanidad al ser humano.

Sólo se oía el silencio. Era de noche. La Luna ponía música a la oscuridad e iluminaba un árbol que mostraba su silueta al infinito. Bajo el árbol, unas figuras dormían. Sobre el árbol, mucho más arriba… las estrellas, puntos de libertad. Más allá, sobre un montículo, ocupando la penumbra, una figura; tosca; no muy grande. El pelo alborotado y negro. La cara ancha y angulosa. Los ojos… perdida la mirada, hablan a la Luna en el firmamento.

Se levanta sobre las plantas de sus pies. Y se ve una figura al trasluz, en una altura, a la media noche. Baja rápido hasta el árbol, se arrodilla sobre la sombra de una muchacha, y con una mano ruda como el pedernal le coge la cara y la mira, en su rostro ve la luna. Gruñe, no sabe sonreír, y gruñe como una sonrisa. Nació el primer poema.

 Un grupo de… hombres… —eran hombres, porque ya tenían un poeta— caminaban bajo aquel sol que amanecía. Sin saber que la tierra gira, sin saber qué es el sol… Un pequeño grupo de sabios se acerca a la laguna, entre frutos silvestres y peces de aceituna.

Y una mano ruda, coge una cara joven de muchacha, y aunque es de día, vuelve a ver la Luna.

Así, os aseguro que nacieron los sentimientos humanos, esos que hicieron surgir la sensibilidad y la poesía.

Miles de años después, el hombre poeta crece llorando porque el mismo hombre mata esa sensibilidad que dio humanidad al ser humano.

Miles de años después el viento esparce los versos. Y entre los versos rotos le sorprendió una ráfaga. Balbuceó tirado entre la acera y su casa. Su último pensamiento de alquitrán fue ella. Sintió en su cuerpo las dentelladas de una ráfaga. Fue la última bocanada de amor. El mensajero: el viento de la mañana.

La Tierra está llena de flores negras de negro hierro. Son columnas de humo vistas desde el cielo. Almas negras con capucha de terror y desconcierto siembran los pasos de miedo. Van matando a los hermanos que caminan en el silencio. Atraviesan las barreras para imaginar con atentados cómo será el fin del infiel occidente que bosteza y duerme. Y que, para defender sus democracias atascadas se levantan alzando el tridente que vuela por los aires del cielo cargando su puntería con fuego.

En las duras batallas del orbe los gemidos de las razas acongojan, hablan los soldados y sus armas… Nunca había sentido las caricias punzantes de la conciencia abandonada en las rotas calles de la mismísima nada. Los cuerpos apilados se mezclan de sangre y grasa. Noche negra. Columnas brillantes de fuego. El apocalipsis canta entre los sueños. Las casas lloraban ensangrentadas de miedo. Los habitantes son humo flotando en el cielo.

Caminando entre los laberintos que acentúa el tiempo arrastran los tobillos sin esperanza, sus sombras como perros en el desierto. Sujetan las almas con sus ojos clavados en la mísera arena del suelo. El sabor de la amargura alimenta el viento que degustan con fruición los buitres de hielo. Las hienas de la tarde rompen con fuego los campamentos de refugiados, niños que juegan con el miedo de los hombres y mujeres que perdieron el néctar de sus sueños entre la mirada inexpresiva y ausente de sus muertos. Su historia y su pasado no existen, son carne masticable de periódico, anécdotas de televisión con langostinos, imágenes entre vino blanco y fresco.

Y vuelven a hablar los obuses. Andan los muertos callados, alfombran las calles de sangre y verde. Los cascos en los que antes hubo flores… ahora cubren las calaveras de la muerte. El poeta arranca con los dientes los adoquines del asfalto e inunda el suelo de lágrimas. Arrastra su cuerpo por la calle; siente cómo se lo arrancan de cuajo cuando la sirena de blanco aúlla espanto llena de cadáveres. Solloza de tanto dolor bajo la luna llena sentado en el frío portal de una calle vacía y negra. Han roto los sueños inocentes del alba gris rayas de fuego que rasgan el cielo ensangrentado. Los silbidos que vuelan, despiertan los tímpanos del miedo. Explosiones, llamas y edificios con los huesos rotos. El rey de los infiernos conquista la ciudad.

Eran hombres porque ya tenían un poeta, semilla de la humanidad y la poesía. Hoy su sabiduría permanece callada en el fondo de las conciencias.

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