Entre las actividades culturales que más tarde se recuperarán del Covid-19 están la ópera y la zarzuela, porque el número de sus elementos visibles —solistas y coro, sobre el escenario, y una orquesta sinfónica en el foso— hacen imposible mantener la distancia de seguridad personal. Por ello quiero ofrecer un homenaje a la manifestación lírica más española: la zarzuela.

La zarzuela es una forma de arte que combina en sus presentaciones los diálogos, con canciones, danzas y coros que se alternan para crear una expresión artística muchas veces excelente. Nació en España a finales del S.XVII para contar historias llenas de humor, amor e ironía, y es casi tan antigua como la ópera, con la que tantas veces se la compara para mostrar sus presuntas carencias. Pero no es un género menor, pues son muchas las joyas que componen su catálogo y entre sus compositores hay nombres de indiscutible categoría musical, comparable a la de los más célebres artistas extranjeros. Destacan entre muchos: Emilio Arrieta, Francisco Alonso, Francisco Asenjo Barbieri, Tomás Bretón, Ruperto Chapí, Federico Chueca, Manuel Fernández Caballero, Joaquín Gaztambide, Jacinto Guerrero, Tomás López Torregrosa, Pablo Luna, Federico Moreno Torroba, José Serrano, Pablo Sorozábal, Amadeo Vives…

El nombre de esta expresión artística típicamente española deriva del teatro que había en el Palacio de la Zarzuela, lugar cercano a Madrid, llamado así por el gran número de zarzas que lo rodeaban. En esa época reinaba Felipe IV (1605-1665), que era un gran admirador del teatro y de los espectáculos musicales.

Aprovechando los momentos de descanso con sus cortesanos, y para distraerse, contrataba compañías madrileñas que representaban obras donde se alternaba el canto con pasajes hablados. Las primeras zarzuelas nacieron como un género que se situaba entre el teatro, el concierto, el sainete y la tonadilla, siendo el autor de muchos de aquellos libretos Calderón de la Barca.

Pero en el siglo XVIII, durante la época de los primeros Borbones, la ópera italiana desplazó a la zarzuela casi completamente. Con Carlos III (1759-1788), como sus ministros italianos provocaron una serie de problemas políticos y graves disturbios, en las representaciones músico-teatrales de nuevo se volvió a la tradición española con los sainetes de don Ramón de la Cruz, cuyos temas costumbristas se acercaban más a las zarzuelas que hoy conocemos.

Napoleón al ocupar España introdujo la ópera cómica francesa, que no triunfó. Al término de la invasión regresó la ópera italiana y con el Romanticismo el nacionalismo musical español quiso imitar esa ópera, pero en lengua castellana, con temas mitológicos y heroicos que pronto se sustituyeron por temas populares. La zarzuela resurgía… Aunque la causa que impidió a la zarzuela traspasar fronteras fueron los temas locales y el folklore regional, asimilando cantos y danzas populares que le valieron un gran arraigo entre las gentes humildes, y con una gran difusión también por todos los países de habla hispana, acogida con entusiasmo por millones de espectadores.

A mediados del siglo XIX comienzan a proliferar títulos destacados como Jugar con fuego (Barbieri, 1851 Teatro Circo), El dominó azul (Arrieta, 1853 Teatro Circo), Los diamantes de la corona (Barbieri, 1854 Teatro Circo), Marina (Arrieta, 1871 Teatro Real). Después de la Revolución de 1868, el país entró en una profunda crisis, que se reflejó también en el teatro: el espectáculo teatral se convirtió en un entretenimiento al alcance de pocos. Fue entonces cuando en Madrid se tuvo la idea de reducir la duración de las representaciones, para abaratar el precio del espectáculo: la función teatral, que hasta entonces duraba unas cuatro horas, se redujo a una hora. La innovación tuvo un gran éxito y los compositores de zarzuelas se acomodaron al nuevo formato, creando obras mucho más cortas, por lo que en un mismo día se representaban varias. Su menor duración abarataba el coste de las localidades, y las clases humildes abarrotaron los teatros. Las recaudaciones aumentaron espectacularmente y a las zarzuelas de un solo acto se las clasificó como ‘género chico’ y a las de dos o más actos, ‘género grande’. Denominaciones que nada tienen que ver con la calidad de las obras. Una de las mayores diferencias entre ambos géneros es el argumento. La zarzuela grande presenta temas dramáticos o cómicos de acción complicada, ‘el género chico’ trata el teatro costumbrista, reflejando la vida cotidiana. Y con una música pegadiza, basada en boleros, jotas, seguidillas, soleás, pasacalles, fandangos, habaneras, valses, mazurcas, polkas y, por supuesto, el chotis. Al principio, la crítica denostó este nuevo género, pero el público lo aplaudió, construyéndose nuevos teatros: Teatro Martín, Teatro Lara, Teatro de la Comedia, Teatro Novedades, Teatro Eslava… En 1873 se inaugura el Teatro Apolo, templo del ‘género chico’ donde se estrenaron célebres obras maestras: El milagro de la Virgen (Chapí, 1884), El año pasado por agua (Federico Chueca1889), El dúo de la africana (Manuel Fernández Caballero1893), La verbena de La Paloma (Tomás Bretón, 1894), Las bravías (Chapí, 1896), Agua, azucarillos y aguardiente (Federico Chueca1897), La revoltosa (Chapí, 1897), El Santo de la Isidra (López Torregrosa, 1898), La fiesta de San Antón (López Torregrosa, 1898), La alegría del batallón (José Serrano, 1900), El puñao de rosas (Chapí, 1902), La venta de Don Quijote (Chapí, 1902), La reina mora (José Serrano, 1903), El pobre Valbuena (López Torregrosa1904), Mal de amores (José Serrano, 1905), El trust de los tenorios (José Serrano, 1910), El amigo Melquiades (José Serrano, 1914).

A mediados del siglo XIX un grupo de compositores había constituido la Sociedad Artística para impulsar la zarzuela, el 6 de marzo de 1856 la Sociedad Artística decidiendo la construcción de un nuevo teatro, destinado exclusivamente a la música lírico-escénica. Levantaron el teatro en un solar cercano a la Carrera de San Jerónimo, detrás del Congreso de los Diputados. Desde un primer momento tuvieron claro el nombre: Teatro de la Zarzuela, que por fin tenía una sala que dignificaba el género; unas excelentes cualidades acústicas, cuatro plantas y capacidad para 2.500 espectadores. El teatro tuvo unos comienzos difíciles, pues las penurias económicas que los españoles padecen durante la segunda mitad de los sesenta reduce la asistencia de público, aunque allí se estrenan con éxito zarzuelas del ‘género chico’: El baile de Luis Alonso (Gerónimo Giménez, 1896), La boda de Luis Alonso (Gerónimo Giménez1897), La tempranica (Gerónimo Giménez, 1900), El húsar de la guardia (Gerónimo Giménez, 1904), Moros y cristianos (José Serrano, 1905), La patria chica (Chapí, 1907). Y otras de ‘género grande’, de las que son ejemplo: El barberillo de Lavapiés (Barbieri, 1874), La tempestad (Chapí, 1882), La bruja (Chapí, 1887), El rey que rabió (Chapí, 1891), y en 1895 Tomás Bretón estrenó su ópera La Dolores.

Además, continúan los grandes éxitos del ‘género chico’ estrenándose: La Gran Vía (Federico Chueca, 1886 Teatro Felipe, y representada después largamente en el Teatro Apolo), La alegría de la huerta (Federico Chueca1900 Teatro Eslava), Alma de Dios (José Serrano, 1907 Teatro Cómico), Las hilanderas (José Serrano, 1927 Teatro El Dorado de Barcelona), Los de Aragón (José Serrano, 1927 Teatro Centro), Los claveles (José Serrano, 1929 Teatro Fontalba). Sobresaliente es la contribución al ‘género chico’ del músico alicantino, de Villena, Ruperto Chapí, con más de cien obras entre las que estrenó en el Teatro Apolo, el Teatro de La Zarzuela, y otras como: Música clásica (1880 Teatro de la Comedia), Las hijas de Zebedeo (1889 Teatro Maravillas), El tambor de granaderos (1896 Teatro Eslava), El barquillero (1900 Teatro El Dorado). Y también las zarzuelas ‘grandes’ estrenadas en el Teatro de La Zarzuela o en diferentes: Curro Vargas (1898 Teatro Circo), La cara de Dios (1899 Teatro Circo). Además de ópera, música orquestal y religiosa.

Con la llegada del siglo XX la zarzuela va a experimentar un cambio significativo pues el ‘género chico’ decae y la zarzuela ‘grande’, olvidada durante el siglo XIX, se recupera, pero ahora inspirada en los patrones del ‘género chico’. Así José Serrano estrena La dolorosa (1930 Teatro Apolo de Valencia), La canción del olvido (1916 Teatro Lírico de Valencia). Y aparecen nuevos compositores: Francisco Alonso estrena La linda tapada (1924 Teatro Cómico), La calesera (1925 Teatro de la Zarzuela), La Parranda (1928 Teatro Calderón), Me llaman la presumida (1935 Teatro Ideal), La zapaterita (1941 Teatro Calderón); Amadeo Vives estrena Bohemios (1904 Teatro de La Zarzuela), Maruxa (1904 Teatro de La Zarzuela), La Generala (1912 Gran Teatro), Doña Francisquita (1923 Teatro Apolo), La Villana (1927 Teatro de La Zarzuela); Pablo LunaLa pícara Molinera (1928 Teatro Apolo), El niño judío (1918 Teatro Apolo), Molinos de viento (1910 Teatro Cervantes de Sevilla); José María UsandizagaLas golondrinas (1914 Teatro Price); Vicente Lleó La corte de faraón (1910 Teatro Eslava). Y como síntoma del estado en que se encontraba el ‘género chico’, en 1929 cierra sus puertas el Teatro Apolo. Las obras de los nuevos compositores confirmarán el auge de la zarzuela ‘grande’: Federico Moreno Torroba triunfa con La marchenera (1938 Teatro de La Zarzuela), Luisa Fernanda (1932 Teatro Calderón), La chulapona (1934 Teatro Calderón), La Caramba (1942 Teatro de La Zarzuela); Jacinto Guerrero con La montería (1922 Teatro Circo de Zaragoza), Los Gavilanes (1923 Teatro de La Zarzuela), El huésped del Sevillano (1926 Teatro Apolo), La rosa del azafrán (1930 Teatro Calderón), El canastillo de Fresas (1951 Teatro Albéniz)Jesús Guiridi El caserío (1926 Teatro de La Zarzuela), La meiga (1928 Teatro de La Zarzuela). En la década de los años treinta aparece uno de los últimos y más grandes compositores: Pablo Sorozábal, del que destacan: Katiuska (1931 Teatro Victoria de Barcelona), La del manojo de rosas (1934 Teatro Fuencarral), La tabernera del puerto (1936 Teatro Tívoli de Barcelona), Black el payaso (1942 Teatro Coliseum de Barcelona), Don Manolito (1943 Teatro Reina Victoria), La eterna canción (1945 Teatro Principal de Barcelona), Las de Caín (1958 Teatro de la Zarzuela).

La Guerra Civil había abierto un paréntesis nefasto y en la posguerra el declive es casi total, pues la aparición de otras formas de entretenimiento va marcando lentamente la decadencia de nuestra zarzuela, sin autores que la renueven. Por otro lado, la dignidad de las zarzuelas preexistentes requiere producciones importantes, que son difíciles y costosas de representar y sólo aparecen de forma esporádica, por temporadas, durante unos pocos días o semanas. Aunque, afortunadamente, casi todas las zarzuelas que he citado están grabadas en CD, interpretadas por insignes cantantes: Marcos Redondo, Pilar Lorengar, Plácido Domingo, Alfredo Kraus, Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Ainhoa Arteta, María Bayo, Pedro Lavirgen, Carlos Munguía, Manuel Ausensi, Renato Cesari, Dolores Cava, Gerardo Monreal, y un largo etcétera; con directores como Ataulfo Argenta, Frühbeck de Burgos, Indalecio Cisneros, Enrique García Asensio, Benito Laurent …

Recuerdo que, cuando era casi un niño, todos los veranos los pasaban en Alicante compañías de zarzuela, interpretando a diario un amplio repertorio que, en compañía de mi abuela paterna, mi querida “yaya” Mercedes, tuve la fortuna de conocer. En un tiempo en el que todavía no había televisión, asistir casi a diario al Teatro Principal para disfrutar de dos zarzuelas del ‘género chico’ y, a veces también, de alguna zarzuela ‘grande’, fue algo que alentó en mí la afición y el conocimiento de tantas zarzuelas cuyas romanzas y coros ya me acompañaron siempre desde entonces, siendo una satisfacción volver a recordarlas cuando asisto ahora al Teatro de La Zarzuela, cuyos excelentes montajes escenográficos son los que actualmente me complacen.

Lamentablemente los libretos de las zarzuelas son los que menos resisten el paso del tiempo siendo, generalmente, un ejemplo del machismo imperante en las épocas pretéritas. En la actualidad, muchos de ellos serían impensables. Como ejemplo extremo transcribo la letra escrita por Carreño y Fernández para una de las romanzas de la zarzuela Los claveles, con música del maestro Serrano: Mujeres, mariposillas locas que jugáis con los quereres y vais de flor en flor… Creen que amenazan y suplican. Se os nota la mentira, pero no os dais cuenta. Sufrís y hacéis sufrir por capricho… Chiquillas locas ¿quién os entiende y quien entiende vuestra alma de mujer… Mujeres, en vosotras no hay más que egoísmo y maldad. Hacéis burla de todo. Sois engañosas, volubles, falsas… Mujeres ¡y qué bonitas sois!

Como he dicho al principio, no sé cuándo será posible recuperar la normalidad que el Covid-19 nos ha arrebatado, dejando un triste y espantoso legado de muerte y ruina, que tardaremos en superar. Pero ojalá que cuando lleguen mejores tiempos recuperemos los ánimos para poder entonar no solo las canciones modernas de actualidad, sino también esas imperecederas de nuestras zarzuelas.

*Juan Giner Pastor

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