martes, junio 18, 2024

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La columna de Madame de Stael – Parte V

«Cuando somos capaces de conocernos a nosotros mismos, rara vez nos equivocamos en nuestro destino«

Y este pasado 19 de mayo se puede decir que la justicia y la historia les han abierto a los iraníes por fin un sendero por el que son capaces de saber y elegir su destino, sin equivocarse y sin ser dominados por ningún tirano.

Ibrahim Raisi, presidente de Irán desde 2021 y mano derecha del Líder Supremo y según muchos, llamado a sucederle cuando Jamenei desaparezca de este mundo, ya es historia. Muchos de ustedes, queridos lectores, habrán visto en las noticias que el mandatario murió en un accidente de helicóptero este pasado domingo y aunque parezca imposible de imaginar o creer el 90% de los iraníes no han tardado en festejar esta muerte. Raisi era llamado el ´´Carnicero de Teherán´´ y no solo porque el país haya estado revuelto por el asesinato de Mahsa Amini desde hace dos años, sino porque en 1988 Raisi, siguiendo órdenes de Jomeini, llevó a cabo la ejecución de los presos restantes en las cárceles del régimen desde la revolución de 1979. El número de víctimas ascendió a 300.000, una auténtica carnicería.

Mismamente, las 516 muertes que causó la guardia revolucionaria al disparar a los manifestantes en las calles por el asesinato de la joven Amini fueron por orden de Raisi, al igual que los 19.200 arrestados.

Bien dicen que aquello que siembras lo acabas recogiendo y ahora es un hecho y con justicia. Se puede decir que los víctimas de Raisi por fin descansarán en paz, han sido vengados, y sus familiares hoy sonreirán sabiendo que el culpable ha pagado por ello.

No se engañen, no hay más que ver las celebraciones por las azoteas de Teherán con fuegos artificiales y gente en la intimidad de sus casas celebrándolo. Mis contactos me dieron esas imágenes. Sienten que con Raisi fuera de combate el principio del fin del régimen islámico está cerca. Con esta muerte, añadiendo la de Soleimani en 2020, la hidra del jomeinismo ha perdido a dos de sus principales cabezas, solo queda Jamenei. Este escritor no lamenta tampoco los hechos, solo puede sentir alegría por sus amistades de Irán exiliadas y compartir la dicha.

Los iraníes no quieren a los Ayatolás, desean liberarse y poder darse a conocer como lo que son. Un pueblo educado e ilustrado, tolerante y nada fanático. Más persa y zoroastrista que musulmán y sobre todo, un pueblo que pronto y así lo quiera Ahura Mazda, su auténtico Dios y no Alá, unirse para construir un mundo mejor.

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