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29 de noviembre de 2022

El Monárquico

La Revista Digital de la HNME

No somos germánicos

3 minutos de lectura

Dicen los que de eso saben que en nuestro corpus normativo aún se pueden descubrir reminiscencias del derecho germánico, aquel que las distintas invasiones bárbaras, desde los suevos hasta los visigodos, pasando por vándalos y alanos, dejaron en nuestra cultura como herencia consuetudinaria. Más allá de eso es muy difícil, por no decir imposible, encontrar algún rasgo germánico en nosotros, los españoles, incluyendo a aquellos pocos que aún mantienen en sus apellidos algún gentilicio que recuerda a aquellos pueblos subsumidos en la grandeza de los pueblos ibéricos, menos notorios pero más resilientes a la postre.

En el 2004 alguien decidió que me hiciese cargo del mando del batallón multinacional del Eurocuerpo, en Estrasburgo, ribera del Rin y territorio perteneciente a Francia actualmente pero de claras y vigorosas raíces culturales germánicas. Entre los componentes del batallón un contingente de 120 militares alemanes me obligaron a hacer una autolimpieza mental de todos los tópicos que la filmografía anglosajona me había ido inculcando, subrepticiamente, a lo largo de toda una vida. Llegué a estudiar alemán durante un par de años para poder/intentar comprenderlos mejor; con la conclusión, al final de mi periodo de mando, de que españoles y alemanes somos muy distintos.

Estos días toda Europa anda pendiente de Alemania. Se va mama/mutti Merkel y las elecciones no dejan, dicen, un panorama claro. Pero se equivocan, son germanos, no españoles, y el futuro está clarísimo, aunque los responsables aún lo están escribiendo.

Las elecciones dejan un parlamento muy dividido. Dos partidos en los extremos, die Linke/extrema izquierda y Alianza por Alemania AfD/extrema derecha que no cuentan para las dos grandes formaciones por sus posiciones extremas; la izquierda socialista/SPD y la derecha tradicional/CDU que viene de gobernar en coalición durante los últimos doce años pero que ahora no tienen suficientes escaños para repetir y, finalmente, los modestos verdes/centro izquierda y liberales/centro derecha devenidos en árbitros de las dos posibles soluciones.

Es probable que la solución tarde un tiempo porque, al contrario que en España, allí las conversaciones para los acuerdos políticos son largas y detalladas y, además, se plasman en documentos programáticos que, oh maravilla, los firmantes cumplen a rajatabla, de ahí la duración de los pactos. Curiosamente son verdes y liberales los que han iniciado las reuniones puesto que, aunque minoritarios en la futura coalición, se saben cruciales. De lo que ellos acuerden, lo que llevará su tiempo, se desprenderá el color de la coalición de gobierno para Alemania, centro izquierda o centro derecha, es decir, será una cuestión de pequeños matices en la que, desde ya, se puede descartar políticas radicales en cualquier sentido. Triunfa la moderación.

En España hacemos acuerdos de gobierno de un día para otro, con clausulas que o no se cumplen o se hace a regañadientes, con socios que se miran de reojo y con una política, en general, que tiende a la polarización en lugar de la moderación. Y es que no somos germánicos.

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