Los pequeños detalles

Los pequeños detalles

Siempre acertamos cuando releemos un viejo libro, o conversamos con un amigo de toda la vida y es verdad, así nunca fallamos.

Leí unas páginas, de esas que casi nos han visto crecer y mis pensamientos lo agradecieron, pues me han motivado a intentar mejorar mis actos.

Me sirvió de inspiración, y compruebo que es muy importante cuidar los pequeños detalles, y vivirlos con gozo e ilusión. 

Esas aparentes insignificancias, no premeditadas, son un tesoro, que iremos desgranando, ya que, en cualquier momento dado, nos serán de gran utilidad.

Todo lo que he percibido en esta tranquila lectura ha conseguido, paradójicamente, que desemboque en una euforia por lo pequeño, en este tiempo pandémico y transmitirlo a los demás.

Por la experiencia histórica, deducimos que este malestar terminará y con esta esperanza enumeraremos una serie de cosas, casi triviales que podemos aprovechar, casi para sacar agua de donde no la hay.

Coincidiré muchas veces con ustedes, y seguro que tendrán a flor de piel aquello que a mí no se me ha ocurrido o he olvidado.

Una letanía o salmodia de pequeños y rutinarios actos, espero, nos hará comprobar cuántos modos en apariencia anodinos son muy importantes, deseando por ello que este artículo fuese interactivo, si así lo desean, piensen a mi lado:

Sonreír a una niña, y recibir su aprobación con otra sonrisa de ella, dar las gracias con amabilidad y cortesía, cantar una nana a un bebé y comprobar cómo paulatinamente va cerrando sus ojitos, sorprender a un ser querido con ese menú que tanto le gusta y no esperaba, rezar una plegaría, cerrar la puerta con suavidad…

  Todo esto no son reglas de urbanidad, todos estos pequeños y breves deseos, si los realizamos con amor, estaremos conectados con los idealistas que piensan que el motor que mueve al mundo con dignidad, es eso, el amor, o debiera serlo.

Esta es la grandeza de la vida, caminar junto a los que prefieren lo cotidiano, alejando ambiciones malsanas, que nunca sacian.

Así, a pequeña escala, si obramos por ese motivo, nuestro existir se convierte en dicha, pues este es un ideal noble, para nuestra vida, preferir lo que no tiene precio.

Seguimos ensartando, digamos, estas aparentes insignificancias.

Regalar, no un ramo de flores, sino simplemente una flor, comprar aquel libro, que sabemos tanto deseaba, reservar unas entradas en el teatro, en el género escénico de su preferencia, todo, claro, para donarlo a personas muy cercanas a nosotros.

Nada hay pequeño cuando se ofrece y se recibe, sin pedir nada a cambio, por eso son actos sublimes,  por ser todo a fondo perdido y sin esperar recompensa  alguna.

Mostrar un rostro sereno y que aflore a nuestros labios esa sonrisa interior, dispuesta siempre a ver la luz.

Deseamos que nuestras palabras y gestos alcancen su fruto, por ello es mejor acercarse a la línea roja de la adulación, antes que mostrar una faz discordante y avinagrada, pues más se logra con la miel que con la hiel.

A veces, nuestro ánimo no está para “tirar cohetes” y me viene a la mente un pensamiento, que no sé dónde leí o quién me lo comunicó y es: “Llevar una espina en el corazón y hablar de otra cosa, eso es de héroes.”

Nada menos que se nos cataloga de “Superman” cuando callamos nuestras quejas y pesares, para alentar al que sufre o está simplemente mortecino.

Categóricos, los pequeños detalles, no hay que desvalorizarlos, ellos tienen sentido, pero que muy alto, eficaz y alegre.

Volvamos atrás y sigamos juntos con esta eficaz y ardua tarea, no sin antes rememorar que debemos esforzarnos en  adivinar los deseos de personas importantes para nosotros, dejándonos llevar por nuestros nobles deseos complaceremos nuestro entorno ¿cómo? fácil, muy fácil,  igual que gota a gota, el vaso puede estar a rebosar y que “Poco a poco, hila la vieja el copo” nosotros con paciencia, a no hacernos los dueños de la tele, a compartir el mando, a ver ese programa que no nos agrada mucho pero a los demás sí. 

Con estos hechos delicados y pequeñines formamos en el hogar o en la pandilla verdaderas clases de tolerancia, basadas en lo que pasa desapercibido.

Vamos a reseñar algo muy íntimo y reconfortante, que es recostar la cabeza en el hombro amado, hecho que no hemos de dejar pasar, pues nos aporta seguridad y ternura y sólo hace falta estar cansados y tener ese don de apoyar nuestra cabeza.

Todo un requiebro de amor de estar por casa.

Y seguimos:

¡Pero qué bien te sienta ese vestido!

¡Qué corbata tan elegante!

Siendo espontáneos en estas galanterías, vemos que la sencillez y el cariño de vivir en positivo, nos abre puertas y derriba silencios.

Si este estilo de vida se afianza, se consigue un aumento de endorfinas que, al estar nuestro cerebro saturado de ellas, nos las derrama por todo el cuerpo convertidas en plácido sosiego.

¿Y qué ocurre cuando aparece  el infortunio? Pues lo que se hace en tiempos normales, lo mismo. 

Ahora, con este maldito Covid, pues sigamos dialogando más, saboreemos con tranquilidad ese vaso de café con leche, comentemos el argumento de una película, y seleccionemos con el “televisor a la carta” nuestras partituras musicales favoritas, que entre otras pudieran ser:

“La Rapsodia Húngara número 2” de Liszt, “La Traviata” de Verdi, “El Canto de la Alegría” de Beethoven, cualquier ópera de Mozart o Wagner; si nuestras preferencias van por otro lado, tal vez escuchar a Elvis Presley, a Freddie Mercury, José Luis Perales, Joaquín Sabina, Julio Iglesias, Mocedades, Paloma San Basilio, etc…

Vamos a Andalucía, y cualquier palo flamenco puede deleitaros por  soleares, alegrías, tarantas, saetas, las joticas de Navarra y Aragón, las muñeiras gallegas, nuestra “Asturias patria querida…”, los  fandangos manchegos, “Valencia es la tierra de las flores del amor y…”  “En la huerta del Segura cuando ríe una murciana…”, los boleros de Baleares, los cantos a la Virgen de la Candelaria en Canarias y “Ya se van los pastores en la Extremadura…”, naturalmente en tierra extremeñas, las elegantes sardanas catalanas, “La puntita y el tacón que se baila en Tarancón…” en tierras toledanas, “Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la …”  en tierras cántabras, los chotis de Madrid, los romances de Castilla León, “Caminaba el Conde Olinos mañanitas de San Juan…” en el País Vasco el aurresku

Dejo para lo último La Rioja, sacando a colación aquel disco de canto gregoriano que grabaron lo monjes del Monasterio de Silos con un éxito apoteósico, como bien saben ustedes y les ofrecieron un contrato muy substancioso.

Azares de la vida, por aquel entonces mi esposo y yo visitamos dicha comunidad y llegamos hasta Silos, era por la tarde, entramos al monasterio a orar un momento y se ve que era la hora de Vísperas, ya que súbitamente, nos pareció estar en la gloria, los monjes comenzaron a cantar y los escuchamos con recogimiento y regocijo, fue un momento que no he podido olvidar, lo considero un verdadero reglo de Dios.

Todo lo descrito no podemos decir que son pequeñas cosas, pero si nos fijamos y desmenuzamos, tendremos que decir: sí, es verdad, las óperas con sus partituras, todo eso no es nada trivial. Los monjes son gente humilde, que no buscan boato ni fama, entonces resurge de su anonimato, de su vocación, lo grandioso de lo pequeño, y los hermosos romances muchos eran transmitidos por trovadores, que eran gentes sencillas.

Lo descrito de la ópera y cantantes no tiene nada de pequeño  y he pensado ¿lo quito? ¿lo dejo?

¿Cómo puedo encajar todo esto en este artículo? Y como deseo dejarlo tal cual, me agarro a una solución que tal vez sea válida.

Todos los cantos de los grandes maestros clásicos, románticos etc…,  junto a los cantantes de óperas y canciones de todo tipo son grandiosas, sí, no tienen nada de pequeñas, pero es grandeza cantada y bailada por pueblo llano y en tiempos actuales se han llenado los conciertos de famosos grupos por gente de a pie, pues invierto y pongo primero lo grandioso para desembocar en gente normal, lo sencillo y corriente que se disfruta hasta en casa escuchando discos sin haber asistido a algún evento artístico.

Además, buceando en todos o en algunos artistas, fueron humildes ciudadanos, han ido de lo pequeño a lo importante.

Tal vez algo tramposilla he sido, pero he salido airosa ¿no?

Y es en la pequeñez de nuestro hogar, viviendo el día a día, es cuando nos sorprenden todo lo que deriva de los pequeños detalles.

Y tras todas estas apreciaciones, no puede faltar el plan divino de Jesús de no dejarnos solos.

Eligió lo más corriente en comida y bebida y aquel jueves, antes de su pasión, nos prometió quedarse con nosotros para siempre, puede ser que estas líneas que van en grado sumo de lo pequeño a lo grandioso, los de distintos pensamientos, como nuestras relaciones, están basadas en la tolerancia y el respeto, lo leerán así, seguro. 

Una Hostia consagrada es grandiosa, aunque su tamaño sea pequeño.

Este hecho de la transubstanciación abrumó sobremanera a Gilbert Keith Chesterton el día de su primera comunión.

Ya, finalizando, comparto con ustedes unos hechos, que he protagonizado y otros que he recibido.

Enseñé un baile algo gitano a una prima mía en la infancia, le llevó once años, ella cuando lo aprendió tenía seis añitos, fueron encantadores aquellos momentos.

Nos divertíamos contando cuentos, saltando a la comba, al juego popular del escondite, etc… y en casa cuando los huevos eclosionaban, a los polluelos les dábamos miguitas de pan esponjadas en vino, (mi abuela me decía que era para darles fuerzas), hecho que no entendía pues quien bebía mucho vino las perdía. Ya es el momento de finalizar este extraño artículo, que más bien parece una íntima y sencilla confesión a un amigo/a de mis impresiones y mi modo de pensar, que lo sencillo, lo humilde, lo intranscendente, y lo cotidiano, conlleva en sí una grandeza encomiable, ya que son pequeños motores que generan paz ternura, bienestar y sosiego.

¡Hay quien dé más señores!

Pues con el deseo de que los pequeños detalles sigan estando presentes en nuestra vida, y más en esta pandemia, que todavía no vislumbramos su fin, valga la redundancia, doy fin, a todo lo expuesto y resalto que los conceptos los expresamos con palabras.

La palabra es más chica, el concepto más….

Que la grandeza de lo pequeño nos siga cautivando.

*Imagen ©Wikipedia

Acude

Acude

Nubes de fina seda,
sol henchido de luz,
luna, disco de plata,
así imagino tu rostro,
así quiero que seas tú.

Madreselva salvaje,
aroma de fina hierba,
jazmines de mi jardín,
así imagino tu aliento,
así quiero que seas tú.

Melodía de Amadeus,
campanilla de alhelí,
susurro de aguas tranquilas,
así tu voz imagino,
así quiero que seas tú.

¡Acude presta a mi cita!
¡Acude presta a mi amor!
con tu nube,
con tu sol,
Tu madreselva y tu jazmín.
Envuélveme
con tu campanilla,
con tu agua,
tu hierba,
tu melodía,
¡Acude presta, zagala!
Y seamos uno solo,
uno solo tú y yo
Luna

Luna

Muchos, otros no, desde pequeños, inconscientemente dejamos un hueco en nuestras ya enmarañadas neuronas, y vamos acumulando palabras, que sin causa aparente nos atraen tanto, que, algunas de ellas saltan al corazón, esto no quita que, con el paso de los años, salgan algunas y entren otras, pero alcanzando cierta edad, las privilegiadas quedan perennes, como las hojas de los árboles de cualquier bosquecillo encantado.

Hoy saco a la palestra la palabra luna, sí, pues ésta, ya se usaba en latín con el mismo nombre.

Una curiosidad que ustedes ya conocen, los días de la semana están dedicados a los planetas, menos lunes que honra a la Luna, nuestro satélite y el domingo, dedicado al sol.

Así pues, el de la Luna, es lunes (dilluns-lundi…) en francés y valenciano se aprecian muy bien, martes está dedicado a Marte, miércoles a Mercurio…es fascinante.

La Luna es como si amadrinara a lunes, por  ello cuando decimos:

¡Qué fastidio, otra vez  lunes!  Estamos despreciando este día dedicado a nuestro satélite.

Mi idea es por lo menos lavar un poco su imagen y que nos caiga un poco más simpático o que no lo sintamos tan cenizo.

Y ahora el sábado, el que se mira en Saturno, vayamos junto a él con alegría, como siempre, pero, nunca mejor dicho, guardando las distancias que la Covid no se anda con bromas.

Tiempo ha, en los parques jugando al corro, cantábamos:

“Quisiera ser tan alta como la Luna, como la Luna, para ver los soldados de …”

Y con sus travesuras, algo gamberricas, los zagales rompían el corro, porque lo que deseaban era estar con la chicas, era esa edad donde se jugaba un poco a ser hombre, a ser mujer, siendo todavía muy niños.

Otras veces, el exceso de calor o el cansancio, al escuchar una charla o conferencia, se nos quedaba la mente en blanco y decíamos ¡anda!  “me he quedado a la Luna de Valencia”.

Pero, sí, bien despiertos que estuvimos ya pre-adolescentes cuando devorábamos “El Viaje a la Luna” de Julio Verne, hecho que se repite, ya que la sed de aventuras sigue y estamos bien servidos por este autor con esa fantasía tan desbordante.

Una lectura prolongada, muy interesante, nos deja embriagados como cuando despedimos el crepúsculo dejando paso a la noche y nos embelesa esa luna majestuosa a la vez que rememoramos nuestro libro de turno, todo nos relaja y exclamamos:

” ¡Qué espectáculo, es digno que quedase siempre con vida en un cuadro!” La luna también nos hace ordenar toda la información que recibimos, contemplando sus manchas, disfrutando formando enanos, bocas, ojos…

Tal cual nos sucede al contemplar las estalactitas y estalagmitas de una cueva, es el fenómeno natural de la pareidolia.

Un pequeño inciso, pues ya van comprobando que la palabra luna posee muchas connotaciones, aparece en lo científico, religioso, poético, musical, lúdico, dichos populares, en requiebros amorosos, estando muy solicitada por novelistas y poetas

En nuestros años estudiantiles nos llenaba de ilusión llegar a los versos de “La canción del Pirata” que dicen:

“La luna en el mar riela y en la lona gime el viento” … porque “Por cien cañones por banda, viento en popa a toda vela” bien que lo reteníamos, de tanto repetir el principio.

¿Recuerdan a Mari Trini cuando cantaba?” … y quien a los quince años no ha dejado su cuerpo abrazar”, podríamos añadir “¿Y quién no ha saboreado un beso de amor a la luz de la luna?”  Hoy, las nuevas generaciones, ya no se esconden al besarse, lo hacen con naturalidad en la calle, autobús, en el parque, pero también creo, que, en estos tiempos, el romanticismo sigue y a la luz de la luna, supongo, no sé, que les sabrá a más.

No sólo las ciencias “avanzan que es una barbaridad” como nos decía don Hilarión en “La verbena de la paloma”, sabemos, pues, que las relaciones amorosas no han ido a la zaga.

No obstante, algunos hechos siguen intactos, como saborear unas “medias lunas” con un café con leche muy calentito.

A la Luna, llegó el hombre en su primer viaje espacial en el año 1969 con los astronautas Neil Armstrong, Edwin Aldri y Michael Collins, y recordamos las palabras de Armstrong: “Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la Humanidad”; lo vimos emocionado con las descripciones del gran Jesús Hermida.

La tele, por entonces, ya empezaba a hacerle la competencia al cine, pero éste todavía era el rey, y nos estremecía ver al “hombre lobo “como le crecía el vello y se le transformaban los dientes, el terror y el miedo eran, por una tarde. motivo de divertimento, todo en el momento misterioso en que aparecía la luna llena.

Tema aparte es cuando al sol y a la luna les bautizaron con los nombres de Lorenzo y Catalina, popularmente la prosopopeya los hizo humanos y fueron amantes, pero que muy enamorados, con momentos muy tristes para ellos, ya que cuando se acostaba Lorenzo, se levantaba Catalina y sólo podían verse en los días que el sol tardaba en ponerse y la luna madrugaba en salir, por lo tanto, las mieles del amor eran pocas, muy pocas.

Era como un canto popular a las tragedias de la vida:

“Al sol le llaman Loren Lorenzo y la lu, luluna Catali, lilina “…

Ponemos los pies en el suelo y vamos a repasar los nombres de las chavalinas de hoy: Abril, Ella, Salma, sí, y Luna, tal vez esperando que un día subiera a los altares una nueva santa llamada  Santa Luna

Cualquier mamá arrullando a su criatura podría cambiar con toda tranquilidad su nana favorita por el “Claro de Luna” de Beethoven, caería momentáneamente en los brazos de Morfeo. 

Los poetas poseen también una musicalidad interna que subyuga y seguro que Gustavo Adolfo Bécquer deleitó y nos deleita, además de sus muchas rimas, con una de sus leyendas donde aparece la Luna.

Y la “Luna de Miel “sigue siendo especial en la vida de los enamorados, muy diferentes en todos los sentidos, las de hogaño con las de antaño, pero es verdad,  común, en muchas culturas, en que en esos días se detiene el tiempo.

Y aunque no hable de la luna, Paloma San Basilio en su canción “Noche de Bodas”, la escuchamos ensimismados con el deseo de que la “Luna de miel” no se convierta en “Luna de hiel”. 

Bajamos de las nubes y viene a nosotros el recuerdo entrañable del “cole”, y nos viene a la memoria, que luna tiene su homónimo que es luna, con la acepción de espejo y también sus parónimas como lana y lona.

Y qué espectáculo nos regala la Luna con su atracción sobre las aguas del mar, motivo de inspiración de muchos cuadros, elegido igual por fotógrafos, cineastas y turistas. 

Y llegamos al signo religioso musulmán que es “La Media Luna”, que naturalmente pensemos lo que pensemos y sintamos o que sintamos hemos de respetar como seres cívicos que somos.

Yo admiro de los musulmanes su hospitalidad y me relató un amigo cristiano que estuvo invitado en el Campo de Refugiados de Palestina  por una familia musulmana, que eran unas bellísimas personas y quedó tan contento que piensa volver, y que en esa convivencia surgió un amistad  muy sincera, por haber salido la palabra amistad, me ha venido al recuerdo “Casablanca”, película que seguro volveremos ver.

 Como son tantos los poetas que han cantado a nuestra palabra protagonista,  he elegido del poema “Pagano” tres versos  de José Hierro, donde glosa a la flamante palabra luna, no sin antes vivir un poco aquella copla que comienza: ”La luna es una mujer y por eso el sol de España… y  “Como la luna sale, sale de noche, un amante la espera en caja reja, luna luna de España…”, copla muy de moda en mi infancia y que tal vez  recuerden muchos de ustedes. 

Lean ahora los tres versos que reseñé:      

 “Lo sé, lo sé, bajo la luna

sólo hay respuestas, más allá

de la luna, sólo hay preguntas….

Bien, termino con serena alegría al ver cómo una simple palabra nos ha entretenido, vestida con diferentes ropajes.

Aprovecho para que recordemos que un científico antes de saber de experimentos, ha de dominar la lengua en profundidad, pues cuanto más sepa de ella, mejor se expresará y por ende, mejor transmitirá sus conocimientos 

Hay que mimar el estudio de la lengua -así lo entendió Don Gregorio Marañón, Stephen Hawking y muchos otros hombres de ciencias, grandes escritores-.

Con este pequeño poema titulado “La Luna” pongo final a este ratico de evasión.

La Luna
Luce en tu pecho, serranilla,
destellos claros de luna,
y ésta se esconde en tus ojos
que los llena de misterio
enajenado en silencio
a quien los besa y los mira.
La luna, llena tu melena,
que la hace noche de brillos,
en la clara luz del día.
Y tus suspiros, serranilla,
que sorbes de la nueva luna,
los regalas cada noche,
a tu gallardo galán,
de ojos de clara luna.
Sigue siendo misteriosa
esta acogedora luna,
que se alberga en tus ojos,
para soñar con dulzura
y despertarte gozosa
 cuando se esconde la luna.
“Rey en París”

“Rey en París”

Dispuesta a escribir mi artículo, decido cambiar de tema, pues acababa de ver el partido de tenis de la final de Roland Garros, de Rafa Nadal contra  Jokovic y esa noche del once de octubre, al haber alcanzado la victoria, dejé aparcado lo pensado y decidí dedicarme a ensartar un sinfín de piropos a nuestro gran campeón, que además de un gran deportista, es lo que Machado decía: es un hombre bueno, y yo añado, sí, es un hombre más que bueno, es buenísimo y voy a disfrutar calándolo cual  fina lluvia con esos piropos que ya estaban prisioneros en ese collar imaginario, ya en libertad se mezclan con la lluvia y caen sobre este papel los siguientes:

Bravo, fuerte, tierno, cortés, seguro, bondadoso, tenaz, batallador, humilde, educado, sonriente, afable, cariñoso, noble, guapo, pacífico, veraz, sencillo y muy seguro de aquello que puede alcanzar.

Desde el año 2005, que consiguió su primer triunfo en París, comienza una carrera imparable hasta el día de hoy, ya convertido en el rey de tierra batida.

Pienso que no sólo es rey en esta faceta, lo podríamos erigir en el de la amabilidad, de la amistad y de tantas cosas…

Fue casualidad, pero coincidió mi estancia en Shanghái el día que él jugaba en dicha ciudad, no se pueden imaginar cómo estaban las calles y avenidas, todas engalanadas con banderolas y retratos de nuestro héroe, se divisaba la perspectiva y a lo lejos se unían en un solo punto su retrato formando el ángulo que conllevan estos anuncios dándole a la ciudad un toque especial festivo deportivo.

A mi amiga y a mí nos parecía estar viendo por la tele una capital de España donde jugase Nadal, tal era el despliegue propagandístico, las jovencitas estaban como locuelas cantando a diestro y siniestro Nadal, Nadal, Nadal… con ese característico modo de articular la ele.

Al ver que éramos occidentales se acercaban a nosotras, dijimos que éramos españolas, y coreaban: España, España …, arremolinándose a nosotras coreando su nombre como si fuera un familiar nuestro, nos dio mucha pena no poder ver ese partido y dedujimos que sería el sitio donde se celebrase el jugar Nadal contra un adversario ajeno a Shanghái pues si no, no se hubiesen mostrado tanta y cariñosa propaganda a favor de Rafa

Nadal, siempre se ha mostrado cercano y cortés tanto en dobles como en torneos.

En la Copa Davis era un compañero más, dispuesto a hacer lo posible por salir adelante y resolvía con naturalidad puntos que parecían inalcanzables.

Hace tiempo leí en la prensa un artículo sobre él, que ponderaban como si fuera de otra galaxia, le llamaban el extraterrestre.

Nos dice un refrán que en la mesa y en el juego se conoce al caballero, en la comida nunca he visto retrato, pero en el juego, no puede ser más caballeroso, recordemos uno de sus triunfos en París que ganó Nadal y abrazó a Federer como diciendo “lo siento”.

Y todos estos pensamientos que me fluyen hacia él sé que lo sienten muchísimas personas. Hace unos días le han otorgado un premio no como deportista, sino por su conducta educada y honrada en pista.

Recuerdo que en muchos partidos televisivos de Rafa Nadal me daba mucha alegría ver el seguimiento de una peña de Petrer, ciudad donde ejercí mi profesión, con una bandera de España y el nombre del pueblo, animando a nuestro deportista. 

Ya está más que comentado la emoción con que ha escuchado el himno de España, los ojos parecían dos lagos a punto de desbordarse, con qué respeto y emoción nos hizo sentirnos españoles.

Nos lo narraron esa misma noche su tío Toni y el presidente de Cantabria el señor Revilla.

Me trae a mi vida, cuando televisan un partido, la ilusión con que mi marido lo veía y cómo disfrutaba con sus triunfos, lograba hacer de un día normal, un día festivo.

Ha sido el centro, a lo largo de mi vida, de muchas conversaciones, ponderándolo como si fuera algo mío y estoy segura que este sentir es común a mucha gente.

A su esposa, sus padres, hermana, su tío Toni, amigos… tienen que sentirse muy orgullosos de formar parte de la familia del gran Rafa, y es que es tan natural que, cuando fue abanderado en unos Juegos Olímpicos, quisieron adjudicarle, debido a su trayectoria deportiva, unos aposentos especiales y declinó la invitación alegando que era parte de un equipo y estarían todos juntos.  

En ésta, su copa número trece, de París, leímos con cariño la felicitación de su Majestad Felipe VI junto a otras muchas.

Muy importantes son las nuestras, las anónimas, que están revestidas de un cariño especial, pues sumándolas todas, el señor Nadal, que es un señor, lo nota, lo intuye, y sé que conecta con la gente sencilla, le tiene que saber a gloria; bueno las Islas Baleares, Mallorca y España “chapeau” por él también.

Recuerdan cómo nos emocionó cuando recibió el premio “Príncipe de Asturias” qué elegante y que galán estuvo (adjetivos que no enumeré anteriormente).

Sé que todo esto ya lo sabían, pero he querido saborear con ustedes esta vida tan hermosa y sencilla, a pesar de tantos honores y triunfos alcanzados.

Acabo con un cuento muy cortito incluido en mi libro titulado “Acentos Navideños” titulado Las raquetas de Alex

Esto érase que se era, un niño muy pequeño, acababa de dar sus primeros pasos y sus padres observaron cómo movía mucho los brazos, imitando las aspas de los molinos.

 Su mamá lo cogió de la mano, y lo llevó junto al belén para colocar las figuritas.

 Al crío le encantaban los Reyes, los puentes, los riachuelos; pero lo que en verdad le extasiaba eran los panaderos con sus palas metiendo y sacando el pan. Y cosas de la vida, ese belén contaba con cuatro o cinco.

Todos los días la mamá de Alex, que así se llamaba el peque, echaba en falta las palas del pan, ella las reponía, y a la mañana siguiente sucedía igual.

 Descubrió que era Alex, que le gustaba mucho el tenis, quien las cogía, para luego cortar los largos palos y convertirlas en minúsculas raquetas. Con un poco de goma de borrar formaba pelotas, y luego jugaba con su primito, imitando a los tenistas famosos que veían en la tele.

 A su mamá le hizo gracia su travesura  y cuando Alex iba a por otras palas, se quedó asombrado, pues delante de sus ojos tenía un juego de raquetas de verdad.

 Alex ya no cogió ninguna, y todas las raquetitas que había construido con las herramientas de los horneros, las colocó en el nacimiento, formando pequeños campos de tenis y poniendo de jugadores al panadero contra un pastor: al leñador contra el lechero…

 Alex estaba con su primo y Jesús, los miraba y sonreía, a él le gustaban  las  travesuras ingenuas.

¿Y sabéis qué pasó?

 Que el Niño llamó a Alex y a su primito y como era Dios los llevó a que vieran un partido de tenis a la Caja Mágica de Madrid, y no podían dar crédito que toda esta aventura les estuviera pasando a ellos.

 ¿Quiénes eran los tenistas?  Luego nos lo dirán.

 Nadie echó en falta ni al Niño ni a los chavalines.

 Alex y su primo seguían moviendo los brazos, querían fortalecerlos para que cuando cumplieran más años, estuvieran en forma para practicar su deporte favorito.

 Por la noche la mamá de Alex explicó a los niños que Jesús está en todo y desea que seamos felices, éstos se miraron y pensaron lo mismo: que sí, que era verdad, pues los llevó a disfrutar de un gran partido, y guardan el secreto de quién lo ganó.

 Pero nosotros nos lo imaginamos ¿no?

Y raqueta, queta, queta,
voy a montar en bicicleta.
Y raqueta, raquetón
quiero miel y requesón
El poder evocador de una palabra

El poder evocador de una palabra

Conocido es el caso del profesor que mostró a unos niños un folio en blanco, con una mancha en el centro y veamos cómo actuaron sus mentes.

– A ver, niños, ¿qué veis aquí?  -les preguntó, con la hoja de papel en alto, a fin de que la divisaran todos-.

Y al unísono respondieron:

– ¡Una mancha negra en el centro!

Nadie dio importancia al color blanco del folio, que era mucho más extenso, la respuesta era cierta en las dos cuestiones.

Las dos verdaderas, pero debían de haber respondido, dando más importancia a la cantidad de color blanco que portaba el folio.

Vamos a entretenernos un poco, y ver cómo nos desenvolveríamos si se nos mostrara un folio todo blanco con una palabra, sólo una, escrita en el centro, es que hoy vamos a oxigenar un poco las neuronas y lo que se dice pensar, pensar, con este artículo…, no van hoy por ahí los tiros.

Hoy vamos de relax, vamos a dejar bailar el tiempo.

Imaginemos que ya está escrita esa palabra y ante este hecho, se puede sugerir, pensar, estimular, tendiendo, sin advertirlo, dar importancia a nuestra, por ahora desconocida protagonista. 

Y nos preguntaríamos o preguntamos.

¿Por qué esa palabra y no otra?

Nos interrogamos ¿Qué nos dice? ¿Qué nos sugiere? ¿Qué nos recuerda? ¿Qué sabemos y escribiríamos acerca de ella? Intuimos que todo esto nos va a servir para desconectar de móviles, preocupaciones, y estar un poco en babia para cargar pilas. 

Pues sí, se trata de eso, de dejar dormir toda tecnología y conseguir que este rato de lectura sea distendido y relajante.

Alumbramos ya la palabra, la verdad que he elegido ésta, porque me parecía muy alegre, y es CASCABEL.

Nuestra masa gris comienza su actividad, recordando, sugiriendo tal como reseñábamos anteriormente.

Seguro que muchos, con una edad ya dorada, estaríamos tatareando:

Doce cascabeles tienen mi … y viene a mi mente de súbito la fábula del “Congreso de Ratones” para escoger quién le pondría el cascabel al gato y evoco o evocamos aquel tiempo tranquilo donde éste no deseaba carreras veloces y cada uno nos adaptábamos a este ritmo y podríamos leer, pensar o escribir acerca de cualquier experiencia, en este caso sobre el problema de los ratones.

Otros, metafóricamente, pueden revivir esa garganta cascabelera de aquella artista, que su canto era una melodía u otros empezarán a buscar palabras que empiecen por cas, como, castillo, caspa y casta o tal vez por casca, como cascada y cascarrabias o quien le da por formar palabras trisílabas o que acabasen en bel, como Isabel, Luzbel y Babel.

Nada, que quien se aburre es porque quiere, porque no se plantea pequeños y simples retos, porque ya hemos visto que esta palabra intranscendente, aparentemente una nada, nos ha dado mucho juego, y nos ha hecho entrar en acción cuando lo que hacíamos es ver pasar el tiempo sin estar en él.

En esta situación abrumadora, donde la inercia de la pandemia, a veces nos hace algo pasivos, si recurrimos al “cajón de sastre” que encierra esta intranscendente, palabra, casi una nada, llenaríamos lagunas de laxitud con estos sencillos pasatiempos.

Bien, y ahora, tras evocar y jugar, porque nuestra mente se habrá distraído un poco ¿no?

Ahora nos resta la parte más bonita y creativa,  que es inventar una historia o un poema,  un cuento o una canción, titulada con la palabra cascabel.

Pero antes vamos a ver lo que puede o pudiera sugerirnos nuestra protagonista, prima hermana de campana, campanilla y hasta un primo más fuerte el cencerro.

Y claro siguiendo el tema del artículo, puede habernos venido a la mente 

“Peter Pan” con “Campanilla” o “La Niña de la Puebla” con sus “Campanilleros” o cercanas Navidades al son de “Campana sobre campana” y el tilín, tilín para acompañar al Viático por las calles antes de llegar a su destino, costumbres de antaño y ¿cómo no? Recordar cuando leímos por primera vez  “Las Campanas” de Edgar Allan Poe. 

Para nada es mi intención regodearme en el pasado, pero sí rescatar de él momentos felices de nuestra vida, que nos portan aromas de intensos momentos disfrutados, lejanos, sí, pero inolvidables.

No quiero dejar fuera a la campanera, que Dios hizo su pregonera.

Y tal vez cuando escuchemos o pensemos algo cascabelero recordemos   este coloquio, que siempre se establece entre autor y lectores.

Y como colofón termino con un pequeño cuento.

El cascabel

Érase, que se era, un pueblo muy pequeño, donde sus casas estaban asentadas alrededor de una plaza redonda, de ahí su apodo, pues le llamaban “el pueblo redondo”

Allí se encontraba Damián, nuestro protagonista, en casa de sus abuelitos, ya que sus padres tuvieron que marchar a un país vecino a recolectar fruta, la pandemia del Covid seguía haciendo de las suyas.

Damián estaba más alegre que unas pascuas, pues, con sus abuelos, todo era divertido, cercano y jocoso.

Mira por donde, no sabemos cómo, pero los abuelitos contaron a Damián la fábula del “Congreso de Ratones”, el niño era muy pequeño, pero muy listo y empezó a pensar en reunirse con sus amiguitos a ver qué pensaban entre todos para solucionar el que “los covids” anduviesen a sus anchas haciendo sufrir tanto.

Pensado y hecho, divagaron un poco y acordaron pegar una palabra mágica escrita con letras invisibles en una tira larga que pendiera del techo y ya pueden imaginarse la palabra elegida, por supuesto, era cascabel.

Así, cuando este ejército de virus malos chocase con la cinta caerían al suelo fulminados.

Esto, Damián y sus amigos lo tenían bien atado, pues sabían que los cuentos son mágicos y todo puede suceder.

Esta palabra invisible se enteró de que había muchos yayos y yayas que estaban malitos y pidieron, a Damián y a sus amigos, permiso para ir a otros hospitales, naturalmente asintieron y allá marcharon. Los sanitarios no salían de su asombro, pues todos mejoraban en un “abrir y cerrar de ojos” y esa palabra eficaz e invisible consiguió acabar con la pandemia.

De pronto vieron caer muchos cascabeles de verdad, que alegraban el ambiente por doquier.

Se respiraba una algarabía contagiosa, de modo que el hospital parecía una academia de baile.

El médico responsable, el director, consiguió la dirección de los abuelitos de Damián y fue a verle.

– Damián, has sido un niño bueno, has pensado en los demás, te queremos agradecer todo lo que has hecho, pide el regalo que más te guste, que lo tendrás.

Eligió ¡cómo no!, la vuelta de sus papás a casa y quedó con los amigos para hacer otros congresos y luchar también contra otras enfermedades.

Y allí acordaron que estudiarían Medicina.

Y cascabel cascabelito
quiero estar más veces
con mi abuela y mi abuelito.
Y cascabel cascabelote,
que se curen todos, todos,
con la palabra invisible
que está escondida en un bote.

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