Muchos, otros no, desde pequeños, inconscientemente dejamos un hueco en nuestras ya enmarañadas neuronas, y vamos acumulando palabras, que sin causa aparente nos atraen tanto, que, algunas de ellas saltan al corazón, esto no quita que, con el paso de los años, salgan algunas y entren otras, pero alcanzando cierta edad, las privilegiadas quedan perennes, como las hojas de los árboles de cualquier bosquecillo encantado.

Hoy saco a la palestra la palabra luna, sí, pues ésta, ya se usaba en latín con el mismo nombre.

Una curiosidad que ustedes ya conocen, los días de la semana están dedicados a los planetas, menos lunes que honra a la Luna, nuestro satélite y el domingo, dedicado al sol.

Así pues, el de la Luna, es lunes (dilluns-lundi…) en francés y valenciano se aprecian muy bien, martes está dedicado a Marte, miércoles a Mercurio…es fascinante.

La Luna es como si amadrinara a lunes, por  ello cuando decimos:

¡Qué fastidio, otra vez  lunes!  Estamos despreciando este día dedicado a nuestro satélite.

Mi idea es por lo menos lavar un poco su imagen y que nos caiga un poco más simpático o que no lo sintamos tan cenizo.

Y ahora el sábado, el que se mira en Saturno, vayamos junto a él con alegría, como siempre, pero, nunca mejor dicho, guardando las distancias que la Covid no se anda con bromas.

Tiempo ha, en los parques jugando al corro, cantábamos:

“Quisiera ser tan alta como la Luna, como la Luna, para ver los soldados de …”

Y con sus travesuras, algo gamberricas, los zagales rompían el corro, porque lo que deseaban era estar con la chicas, era esa edad donde se jugaba un poco a ser hombre, a ser mujer, siendo todavía muy niños.

Otras veces, el exceso de calor o el cansancio, al escuchar una charla o conferencia, se nos quedaba la mente en blanco y decíamos ¡anda!  “me he quedado a la Luna de Valencia”.

Pero, sí, bien despiertos que estuvimos ya pre-adolescentes cuando devorábamos “El Viaje a la Luna” de Julio Verne, hecho que se repite, ya que la sed de aventuras sigue y estamos bien servidos por este autor con esa fantasía tan desbordante.

Una lectura prolongada, muy interesante, nos deja embriagados como cuando despedimos el crepúsculo dejando paso a la noche y nos embelesa esa luna majestuosa a la vez que rememoramos nuestro libro de turno, todo nos relaja y exclamamos:

” ¡Qué espectáculo, es digno que quedase siempre con vida en un cuadro!” La luna también nos hace ordenar toda la información que recibimos, contemplando sus manchas, disfrutando formando enanos, bocas, ojos…

Tal cual nos sucede al contemplar las estalactitas y estalagmitas de una cueva, es el fenómeno natural de la pareidolia.

Un pequeño inciso, pues ya van comprobando que la palabra luna posee muchas connotaciones, aparece en lo científico, religioso, poético, musical, lúdico, dichos populares, en requiebros amorosos, estando muy solicitada por novelistas y poetas

En nuestros años estudiantiles nos llenaba de ilusión llegar a los versos de “La canción del Pirata” que dicen:

“La luna en el mar riela y en la lona gime el viento” … porque “Por cien cañones por banda, viento en popa a toda vela” bien que lo reteníamos, de tanto repetir el principio.

¿Recuerdan a Mari Trini cuando cantaba?” … y quien a los quince años no ha dejado su cuerpo abrazar”, podríamos añadir “¿Y quién no ha saboreado un beso de amor a la luz de la luna?”  Hoy, las nuevas generaciones, ya no se esconden al besarse, lo hacen con naturalidad en la calle, autobús, en el parque, pero también creo, que, en estos tiempos, el romanticismo sigue y a la luz de la luna, supongo, no sé, que les sabrá a más.

No sólo las ciencias “avanzan que es una barbaridad” como nos decía don Hilarión en “La verbena de la paloma”, sabemos, pues, que las relaciones amorosas no han ido a la zaga.

No obstante, algunos hechos siguen intactos, como saborear unas “medias lunas” con un café con leche muy calentito.

A la Luna, llegó el hombre en su primer viaje espacial en el año 1969 con los astronautas Neil Armstrong, Edwin Aldri y Michael Collins, y recordamos las palabras de Armstrong: “Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la Humanidad”; lo vimos emocionado con las descripciones del gran Jesús Hermida.

La tele, por entonces, ya empezaba a hacerle la competencia al cine, pero éste todavía era el rey, y nos estremecía ver al “hombre lobo “como le crecía el vello y se le transformaban los dientes, el terror y el miedo eran, por una tarde. motivo de divertimento, todo en el momento misterioso en que aparecía la luna llena.

Tema aparte es cuando al sol y a la luna les bautizaron con los nombres de Lorenzo y Catalina, popularmente la prosopopeya los hizo humanos y fueron amantes, pero que muy enamorados, con momentos muy tristes para ellos, ya que cuando se acostaba Lorenzo, se levantaba Catalina y sólo podían verse en los días que el sol tardaba en ponerse y la luna madrugaba en salir, por lo tanto, las mieles del amor eran pocas, muy pocas.

Era como un canto popular a las tragedias de la vida:

“Al sol le llaman Loren Lorenzo y la lu, luluna Catali, lilina “…

Ponemos los pies en el suelo y vamos a repasar los nombres de las chavalinas de hoy: Abril, Ella, Salma, sí, y Luna, tal vez esperando que un día subiera a los altares una nueva santa llamada  Santa Luna

Cualquier mamá arrullando a su criatura podría cambiar con toda tranquilidad su nana favorita por el “Claro de Luna” de Beethoven, caería momentáneamente en los brazos de Morfeo. 

Los poetas poseen también una musicalidad interna que subyuga y seguro que Gustavo Adolfo Bécquer deleitó y nos deleita, además de sus muchas rimas, con una de sus leyendas donde aparece la Luna.

Y la “Luna de Miel “sigue siendo especial en la vida de los enamorados, muy diferentes en todos los sentidos, las de hogaño con las de antaño, pero es verdad,  común, en muchas culturas, en que en esos días se detiene el tiempo.

Y aunque no hable de la luna, Paloma San Basilio en su canción “Noche de Bodas”, la escuchamos ensimismados con el deseo de que la “Luna de miel” no se convierta en “Luna de hiel”. 

Bajamos de las nubes y viene a nosotros el recuerdo entrañable del “cole”, y nos viene a la memoria, que luna tiene su homónimo que es luna, con la acepción de espejo y también sus parónimas como lana y lona.

Y qué espectáculo nos regala la Luna con su atracción sobre las aguas del mar, motivo de inspiración de muchos cuadros, elegido igual por fotógrafos, cineastas y turistas. 

Y llegamos al signo religioso musulmán que es “La Media Luna”, que naturalmente pensemos lo que pensemos y sintamos o que sintamos hemos de respetar como seres cívicos que somos.

Yo admiro de los musulmanes su hospitalidad y me relató un amigo cristiano que estuvo invitado en el Campo de Refugiados de Palestina  por una familia musulmana, que eran unas bellísimas personas y quedó tan contento que piensa volver, y que en esa convivencia surgió un amistad  muy sincera, por haber salido la palabra amistad, me ha venido al recuerdo “Casablanca”, película que seguro volveremos ver.

 Como son tantos los poetas que han cantado a nuestra palabra protagonista,  he elegido del poema “Pagano” tres versos  de José Hierro, donde glosa a la flamante palabra luna, no sin antes vivir un poco aquella copla que comienza: ”La luna es una mujer y por eso el sol de España… y  “Como la luna sale, sale de noche, un amante la espera en caja reja, luna luna de España…”, copla muy de moda en mi infancia y que tal vez  recuerden muchos de ustedes. 

Lean ahora los tres versos que reseñé:      

 “Lo sé, lo sé, bajo la luna

sólo hay respuestas, más allá

de la luna, sólo hay preguntas….

Bien, termino con serena alegría al ver cómo una simple palabra nos ha entretenido, vestida con diferentes ropajes.

Aprovecho para que recordemos que un científico antes de saber de experimentos, ha de dominar la lengua en profundidad, pues cuanto más sepa de ella, mejor se expresará y por ende, mejor transmitirá sus conocimientos 

Hay que mimar el estudio de la lengua -así lo entendió Don Gregorio Marañón, Stephen Hawking y muchos otros hombres de ciencias, grandes escritores-.

Con este pequeño poema titulado “La Luna” pongo final a este ratico de evasión.

La Luna
Luce en tu pecho, serranilla,
destellos claros de luna,
y ésta se esconde en tus ojos
que los llena de misterio
enajenado en silencio
a quien los besa y los mira.
La luna, llena tu melena,
que la hace noche de brillos,
en la clara luz del día.
Y tus suspiros, serranilla,
que sorbes de la nueva luna,
los regalas cada noche,
a tu gallardo galán,
de ojos de clara luna.
Sigue siendo misteriosa
esta acogedora luna,
que se alberga en tus ojos,
para soñar con dulzura
y despertarte gozosa
 cuando se esconde la luna.

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