26 de septiembre de 2021

MARÍA TERESA LA GRANDE

Es quizás el personaje más famoso de Austria y solo por delante de Mozart, a quien amparó siendo niño y a cuyo concierto en el Palacio Imperial de Schönbrunn acudió, para luego sentar al niño prodigio en sus faldas. Al igual que Mozart, María Teresa tiene su propia marca de bombones cuya envoltura contiene su efigie, pero esto son solo minucias, pues durante 40 años (1740-1780) María Teresa fue la primera y única mujer que gobernó los territorios de Austria, Hungría, Eslavonia, Bohemia, Croacia, Milán, Parma y Plasencia, los Países Bajos, Lodomería y Galitzia por derecho propio, aunque no consiguió ser Emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico si lo fue como consorte de su esposo debido a que en los territorios germanos existía la Ley Sálica que evitaba reinar a las mujeres, pero no en Austria y los territorios Habsburgo donde su padre promulgó la Pragmática sanción antes de morir.

María Teresa no solo ha pasado a la historia por haber sido la única mujer que gobernó Austria sino también porque durante sus 40 años de reinado la Emperatriz- Reina modernizó el estado y dejó un imperio con las arcas llenas y con avances incontables para la sociedad de la época, aunque en un principio no lo tuvo nada fácil, tal y como ella redactó en su testamento político:

«Me encontré sin dinero, sin crédito, sin ejército, sin experiencia ni conocimiento de mi condición y, finalmente, sin nadie para aconsejarme, pues todos esperaban ver cómo las cosas iban a evolucionar»

Cierto es que desde su nacimiento en 1717 María Teresa tuvo que labrarse su futuro ella misma. No fue una ingenua ni tampoco una dogmática, sino una soberana ilustrada, la versión austriaca de Catalina la Grande de Rusia, pese a que en secreto María Teresa siempre sintió un absoluto desprecio por ella, al considerarla una ninfómana regicida, pero en realidad compartieron muchos puntos en común dado que ambas al morir dejaron un imperio mejor que el que se encontraron.

El padre de María Teresa, el Emperador Carlos VI, quien había sido además pretendiente al trono de España por la rama austriaca durante la Guerra de Sucesión Dinástica de 1700 nunca la preparó para ser su sucesora, él siempre deseó tener un varón.  María Teresa recibió una educación que la preparó para ser como mucho consorte, pero ella de manera autodidacta empezó a pasar largas horas en la Biblioteca del Palacio Imperial, leyendo libros de historia, ciencias, política y hasta estrategias de la guerra, aunque nunca pudo ponerse a la cabeza de un ejército como bien dijo que le hubiera gustado. Así pasó sus años de adolescencia debido a que su padre nunca le permitió acudir a las reuniones del Consejo de Estado ni dar su opinión.

En 1736 la entonces Archiduquesa se casó con el Príncipe Francisco Esteban de Lorena, ambos se conocían desde niños y María Teresa amó a su esposo hasta el final. Pese a amarse ambos desde la infancia, María Teresa era muy celosa y posesiva y más de una vez el matrimonio tuvo una discusión acalorada debido a las aventuras románticas de su esposo con las damas de la Corte. A lo largo de los 20 años que duró su matrimonio María Teresa alumbró a 16 hijos, entre ellos la famosa Reina de Francia María Antonieta, cuyo trágico final todos conocemos.

Carlos VI murió en 1740 y María Teresa se convirtió así en heredera de todos los territorios Habsburgo, lo que incluía el trono imperial pero hubo de esperar a 1745 a que el emperador Carlos VII, su rival, falleciera tras solo 3 años de reinado para que ella y su marido fueran coronados.

El estado del tesoro era penoso debido al gasto de Carlos VI en las guerras ruso-turcas y polaca, Austria estaba al borde de la bancarrota y los consejeros imperiales receleban de que una mujer les gobernara, pero el pueblo austriaco amaba a María Teresa y su causa fue fuertemente apoyada en varios territorios, entre ellos Hungría, en donde fue coronada reina y luego paseó a caballo por las calles de Budapest en medio de la aclamación popular.

Los primeros años no fueron fáciles dado que nada más empezar su reinado María Teresa hubo de luchar en la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748) y la Primera Guerra de Silesia (1740-1742) En la primera María Teresa consiguió vencer y ser reconocida como soberana de Austria por las potencias que en un principio se habían negado a hacerlo, pero en la segunda Austria perdió la que consideraba su joya de la corona, Silesia, la cual tuvo que ceder a Federico II de Prusia, aunque María Teresa libraría otras dos guerras para recuperarla, las cuales acabaron en 1763 sin haber logrado su objetivo, pero si logrado humillar a Federico II el cual llegó tanto a odiarla como a admirarla.

Otro conflicto fue la Guerra de los Siete años (1756-1763)  debido a la invasión de Sajonia por parte de Prusia en la cual María Teresa y su gobierno trataron de recuperar Silesia, aliados con Rusia y la Emperatriz Isabel I y Francia con Luis XV entre otras potencias. La guerra en 1762 estuvo a punto de suponer el fin de Federico II, dado que los rusos habían llegado a ocupar Berlín pero el nuevo emperador de Rusia, Pedro III, gran admirador de Federico II, firmó la paz con este. En la guerra Francia perdió gran parte de su imperio colonial y Prusia mantuvo su control sobre Silesia por lo que Austria capituló antes de perder más vidas.

Tras aquellos duros años María Teresa empezó a reformar el estado. Pese a ser la Era de la Ilustración la Emperatriz no llegó a congeniar del todo con las ideas avanzadas, debido a que parte de su vida había transcurrido en el mundo del Barroco y el Rococó, pero se dio cuenta de que su causa debía ser la del pueblo de Austria por lo que a lo largo de las siguientes décadas la Emperatriz y su esposo aplicaron las siguientes reformas.

*Se redactó el Código Teresiano que recogía los Derechos Civiles del pueblo austriaco

* Se abolió la pena de muerte y el quemar en la hoguera a las personas acusadas de brujería

*Se acabó con la superstición en Hungría y Transilvania de clavar estacas a los muertos debido a la fuerte creencia del vampirismo

*Se abolió la tortura

*Se fundó el zoológico de Viena el cual a dia de hoy sigue existiendo

*Se fundó el Colegio Teresiano que a dia de hoy aún sigue en funciones

*La Emperatriz apoyó al doctor Gerard van Swieten en su campaña de inoculación de la viruela, dado que María Teresa estuvo a punto de morir de esta enfermedad, consiguiendo reducir la mortalidad por esta enfermedad en todos sus territorios

* Se prohibió que los Jesuitas intervinieran en los asuntos de estado. Pese a ser una católica devota María Teresa redactó un decreto que los retiraba de todas las instituciones de la monarquía.

* Se reformó la economía y el ejército. Su exigencia de pago de algunos impuestos a la nobleza modernizó el imperio gracias a la creación de un ejército de 108.000 hombres, cuyo coste de 14 millones de florines provenían de cada una de las tierras de la corona. El gobierno central era el responsable del ejército, gracias a los consejos del Conde Haugwitz, el cual había introducido la contribución de la nobleza, que nunca antes había tenido que pagar impuestos

* Pese a ser enemiga de los protestantes y aún más de los judíos, a quienes llegó a expulsar de Bohemia y Praga, María Teresa al final suavizó las leyes antisemitas y luego las abolió. En 1762 prohibió la conversión forzada de niños judíos al catolicismo y, al año siguiente, prohibió al clero católico cobrar el impuesto de sobrepelliz a los judíos. En 1764 ordenó la liberación de los judíos encarcelados por libelos de sangre en Orkuta. A pesar de su fuerte antisemitismo, la Emperatriz acabó apoyando las actividades comerciales e industriales de los judíos y redactó leyes para ampararlos.

*Reformó la educación y la Emperatriz también permitió que los no católicos fueran a la universidad, así como la introducción de disciplinas seculares (como Leyes) en las carreras, lo que supuso el declive de la Teología como principal fuente de la educación universitaria.

* Creación de hogares infantiles, hospitales y escuelas de medicina.

Muchas veces los ministros conservadores se oponían a estas reformas pero bastaba que la Emperatriz les lanzara una gélida mirada con sus penetrantes ojos azules para que cambiaran de idea.  En el plano familiar y pese a trabajar desde las siete de la mañana en su escritorio, María Teresa intentaba pasar todo el tiempo que podía con sus hijos, cuya educación ella misma supervisó. Cuando fueron acercándose a la adolescencia la Emperatriz empezó a preparar sus matrimonios con otras Casas Reales del continente, dado que no solo quería dejar la sucesión asegurada sino que el dominio de los Habsburgo prevaleciera en Europa.

A María Teresa le encantaban las mascaradas y los bailes y tanto en Carnavales como en Navidades y antes de Cuaresma y Semana Santa, se daba un baile de máscaras y obras de teatro en las que los propios hijos de la Emperatriz y su esposo participaban para deleite del público. Aquella armonía familiar se terminó en 1765 cuando Francisco Esteban murió de un apoplejía a la edad de 57 años mientras la corte estaba en Insbruck celebrando la boda de su hijo Leopoldo. Perder a su esposo fue un golpe del que la Emperatriz nunca se recuperó y tras su pérdida nunca más volvió a ir al teatro o a bailes, se cortó sus largos cabellos rubios, se vistió para siempre de luto y mandó tapizar sus aposentos con seda negra. María Teresa permaneció apartada del poder durante un año hasta que su hijo José II la sacó de su retiro y la hizo volver a la vida normal poco a poco, aunque la Emperatriz nunca más volvió a ser la de antes pues ella misma describió su estado tras la muerte de su marido:

«Apenas me conozco ahora, pues me he convertido en algo animal: sin vida verdadera ni razón»

La relación con su hijo siempre fue tirante y no siempre estuvieron de acuerdo en los asuntos de gobierno y jamás le permitió participar en los asuntos políticos de Austria, dado que era ella la que gobernaba ese territorio y muchas veces en medio de las discusiones José la amenazó con abdicar, incluso le exigía abdicar a ella por razones de edad y por su forma de gobernar. Tras mucho reflexionar, María Teresa optó por no abdicar. José amenazó muchas veces con renunciar como corregente y abdicar como Emperador, pero también fue convencido de que no lo hiciera. Las amenazas de abdicación de la Emperatriz raramente eran en serio, pues creía que el hecho de haberse recuperado de la viruela en 1767 era una señal de que Dios deseaba que reinase hasta la muerte. También era interesante para José II que ella siguiera siendo soberana, ya que la culpaba muchas veces de sus propios errores y evitaba, así, asumir responsabilidades propias de un monarca.

A finales de 1780 la salud de la Emperatriz se deterioró bastante y el 24 de noviembre enfermó tras haber vuelto de una partida de caza, aparentemente por un resfriado, debido a las bajas temperaturas. El Dr. Stöck, su médico, constató que su estado era grave. El 28 de noviembre pidió la extrema unción, al día siguiente, alrededor de las nueve de la noche, María Teresa murió rodeada de sus hijos a la edad de 63 años. Fue enterrada en la Cripta Imperial de Viena, en un sarcófago doble al lado de su esposo.

Al morir María Teresa había dejado un imperio revitalizado, lo que influyó al resto de Europa durante el siglo XIX. Sus descendientes siguieron su ejemplo y dieron continuidad a las reformas. La adquisición del reino de Galitzia y Lodomeria dio al imperio un carácter aún más multinacional, que lo acabaría llevando a su destrucción tras la I Guerra Mundial en 1918. María Teresa tuvo 16 hijos, vio morir a 6 de ellos y fue abuela de 20 nietos.

Su figura sufrió una alteración histórica y Leyenda Negra cuando Austria fue invadida por los nazis en 1938. Dado que María Teresa había sido de ojos azules, cabellos rubios, piel muy blanca y había sido madre de 16 hijos se convirtió en el ideal de mujer de raza aria para la dictadura de Hitler, sumando que la Emperatriz había sido además antisemita. Esta alteración fue borrada solo tras el fin de la guerra en 1945 y María Teresa recuperó su papel como soberana ilustrada y reformista el cual sigue manteniendo en la actualidad.

En sus 40 años de reinado se convirtió para los austriacos en lo que para los ingleses fue la Reina Victoria, de hecho María Teresa recibió el apodo de la Suegra de Europa y hoy en día muchas estatuas suyas adornan las calles de Viena y otras ciudades austriacas y su determinación en su papel de soberana ha sido y sigue siendo admirado tanto por historiadores como por políticos mundiales.

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