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La Orden de Santa María de Montesa

Este artículo corresponde, íntegramente, a la conferencia pronunciada en el Ateneo Mercantil de Valencia, el día 3 de noviembre de 2020. Salón Stolz, dentro del ciclo Órdenes Militares de Caballería y Hospitalarias

Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta sexta y última conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, hemos dedicado a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta séptima conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Orden de Montesa, cuyo nombre más completo que ha tenido en alguna ocasión ha sido el de Orden de Santa María de Montesa, y tras la absorción de la Orden de San Jorge Alfama, paso a llamarse, Orden de Santa María de Montesa y de San Jorge de Alfama.

Para poder hablar del origen de la Orden de Montesa, es imprescindible hablar del fin de Orden del Temple. Mas, hagamos un breve repaso a la misma. La Orden del Temple se fundó en Jerusalén en 1148. Su primer maestre fue Hugo de Panys (1070-1136), siendo su misión fundacional, la defensa de los Santos Lugares, y la protección de los peregrinos que iban a ellos.

La Orden Templaria se consolidó rápidamente apoyada por reyes y papas, extendiendo su ámbito de acción, no sólo en Tierra Santa, sino por toda Europa. Centrándonos en España, se asentaron en los reinos de Galicia, León y en especial en el reino de Aragón, participando muy activamente en las guerras de la Reconquista, teniendo un papel relevante en la reconquista del reino Valencia, motivo por el cual, todos los reyes les hicieron donación de numerosos castillos, poblaciones y privilegios por toda la geografía española.

Mas, el rey francés Luis IX (1214-1270), también conocido como «San Luis» por haber sido canonizado en 1297 por el papa Bonifacio VIII (1230-1303), lo apresaron los moros en El Mansurá (Egipto), durante la Séptima Cruzada, y para pagar su rescate, los Templarios aportaron una importante suma de dinero que el reino de Francia no pudo devolver a la Orden Templaria. El reino francés pidió a los templarios que les perdonaran la deuda, pero como estos no quisieron, el rey francés Felipe IV (1268-1314), llamado «el Hermoso», nieto del rey Luis IX, acusó a los templarios ante el papa Clemente V (1264-1314), de graves crímenes y herejías, y este, reacio en un principio a creer esas historias, acabó cediendo ante la fuerte presión del rey francés, autorizando la prisión para los templarios, que fueron torturados y juzgados sumariamente, acabando muchos de ellos, como su último maestre Jacques de Molay (1243-1314), quemados en la hoguera.

El rey Jaime II de Aragón (1267-1327), llamado «el Justo», tampoco creyó las graves acusaciones vertidas sobre los caballeros templarios, y así se lo hizo saber al rey Felipe IV y al papa Clemente V, pero finalmente, acabó por acatar el dictado del papa y ordenó prender a los templarios de su reino. Estos se resistieron y se hicieron fuertes en el castillo de Monzón, pero finalmente fueron apresados y juagados en Salamanca.

Ante esta situación, el rey Jaime II de Aragón para evitar que en su reino creciera desmesuradamente la Orden de San Juan del Hospital, más conocida como la Orden de Malta, decidió crear una nueva Orden que, además, fuera la heredera de los bienes que los templarios tenían en su reino.

Así pues, el rey Jaime II de Aragón, envió al Papado de Aviñón, al noble valenciano Vidal de Vilanova (¿?-ca. 1353), para tratar con el papa Clemente V sobre el futuro de los bienes que él mismo le había negado a la Corona, proponiendo al papa la creación de una nueva Orden militar dotada con los bienes que los templarios y los hospitalarios poseían en el Reino de Valencia.

El papa Clemente V rechazó la petición, pero tras su muerte en 1314, su sucesor el papa Juan XXII (1244-1334), sí que accedió a la petición del rey Jaime II de Aragón, y con la bula «Pia matris eclesia» de 10 de junio de 1317, creó la Orden de Santa María de Montesa, siendo dotada la misma con los bienes que de las órdenes del Temple y de San Juan del Hospital tenían en el Reino de Valencia. Además, el rey le concedió a la recién creada Orden, el castillo y Villa de Montesa con la alquería de Vallada, que eran de propiedad real, para que fuera su sede y, además, construyeran un convento. La Orden de Montesa tomó la Regla de San Benito, llamada la Regla del Cister.

Según la bula de fundación de la Orden de Montesa, le correspondía al maestre de la Orden de Calatrava crear protocolariamente la nueva Orden. Además, era quien tenía la capacidad de armar a los Caballeros Montesanos. Y al día siguiente de promulgar la bula fundacional, el 11 de junio, el papa Juan XXII facultó al abad del monasterio de Santes Creus, para que en su nombre eligiera él al primer maestre de la Orden de Montesa.

El rey Jaime II de Aragón, escribió al decimoctavo maestre de la Orden de Calatrava García López de Padilla (ca. 1256-1336), para que realizara lo encomendado por el papa, pues en la bula de fundación de la Orden de Montesa, se especificaba que debía ser el maestre de la Orden de Calatrava quien tenía la capacidad de armar a los caballeros montesanos, pero a este no le gustaba obedecer órdenes ni tan siquiera de su propio rey, el de Castilla, y así, ni siquiera se dignó a contestar las misivas del rey aragonés. Así, este se dirigió al papa para que intercediera, y el mismo encargo al obispo de Valencia Ramón de Gastón (¿?-1348) que solucionara la situación, el cual envió al reino de Castilla al abad del Monasterio de Nuestra Señora de Benifassà.

El maestre de Calatrava alegó obligaciones de protección fronteriza, y se negó a acudir al reino de Valencia, aunque la verdadera razón era la nula disposición a ceder sus posesiones de Valencia a otra Orden, pero finalmente tuvo que ceder y envió un procurador para que obrara en su nombre.

Resuelto este lance, el 22 de julio de 1319, en la Capilla de Santa Águeda del Palacio Real de Barcelona, en presencia del rey Jaime II de Aragón, del obispo de la ciudad, de los abades cistercienses de Santes Creus, Valdigna y Benifassá, y de algunos caballeros de las órdenes de la Merced, de San Juan del Hospital y de San Jorge de Alfama, Gonzalo Gómez Comendador de Alcañiz, con plenos poderes del maestre de Calatrava, durante el primer Capítulo Solemne de la Orden de Montesa, impuso el hábito de la nueva Orden a los caballeros Guillermo de Eril (¿?-1319), Galcerán de Bellera y Erimau de Eroles. Y de entre ellos, Pedro Alegre, el abad del Monasterio de Santes Creus, nombró por delegación papal a Guillermo de Eril como primer maestre de la Orden de Montesa.

Según la bula papal, el maestre de la Orden de Calatrava tenía derecho de visita sobre la Orden de Montesa, mas, el papa en 1325 decretó que la visita del maestre calatravo debía realizarse siempre junto al abad del monasterio de Santes Creus y de Valldigna.

Los diez primeros caballeros que fundaron la Orden de Montesa, entre los que se encuentran los ya citados, pertenecían a la Orden de Calatrava.

Los fines fundacionales de la Orden de Montesa fueron:

La defensa de la fe.

El culto divino.

Y la santificación personal.

Los cuales se complementan en la actualidad con dos actitudes de vida y conducta para la Orden y sus miembros, que son:

El fin benéfico y social.

Y el histórico cultural.

Una vez creada la Orden, tomó posesión de los territorios y bienes que iban a formar parte de su Señorío, los cuales, principalmente, provenían de los templarios y hospitalarios en el Reino de Valencia.

Mas, en agosto de 1319, Guillermo de Eril, maestre de la Orden, un hombre curtido militarmente pero muy anciano, enfermó gravemente, y eso le llevó a otorgar poderes al clavero de la Orden, Erimau de Eroles para que obrara en su nombre. Y setenta días después de ser nombrado maestre, el 4 de octubre murió en Peñíscola.

Tras este inesperado desenlace, el papa Juan XXII, delegó de nuevo, en el abad de Santes Creus la elección de un nuevo maestre para la Orden. Y el 27 de febrero de 1320, Arnau de Soler, fue designado nuevo maestre de la Orden de Santa María de Montesa.

Entre 1323 y 1326, el rey Jaime II de Aragón conquistó Cerdeña ayudado de la Orden de Montesa que aportó a la campaña hombres y dinero, y por ello el rey otorgó a la Orden un privilegio comercial de exención de lezda, peaje, portazgo, pesas y medidas, anclaje, pasaje y gabelas, para ella y para sus vasallos, en todos los puertos de Cerdeña, Córcega y las islas adyacentes.

Aunque la Orden de Montesa tenía su sede central en la ciudad que le da nombre, al sur del reino de Valencia, los maestres de la Orden se instalaron en San Mateo a unos 210 kilómetros y en el norte del reino de Valencia, puesto que en esta zona tenían mayores propiedades. Y tras el Capitulo Fundacional, fue en esta ciudad castellonense en 1330 donde celebró su primer Capítulo, realizándose en él la división territorial de las distintas encomiendas.

A través de esa división territorial, la Orden de Montesa se estableció en todo el reino de Valencia, desde las comarcas del Maestrazgo de Castellón, en ciudades como San Mateo, cabeza del maestrazgo, y además, Vinaroz, Peñíscola, o la Plana de Castellón con los Señoríos de Onda, Vilafamés y parte del término de Borriana. En Valencia en ciudades como Moncada, Silla, Sueca y Valencia. Y en tierras alicantinas en el Valle de Perpuchent.

Entre 1347 y 1348, en el reino de Valencia tuvo lugar la revuelta conocida como de la Guerra de la Unión, por la que algunos nobles valencianos junto a gran parte del pueblo, quisieron separarse de la Corona de Aragón y constituirse en reino independiente. Pero el rey Pedro IV de Aragón (1319-1387), llamado «el Cremonioso», o «el del Puñalet». encargó al segundo maestre de la Orden de Montesa, Arnaldo de Soler (¿?-1327), que controlara la revuelta, y así lo hizo.

Gracias a esta acción, la Orden de Montesa fue recompensada con algunos privilegios como el control de multas e indemnizaciones y la facultad del maestre para perdonar y absolver a quien considerase oportuno.

Además, cabe comentar que, si el reino de Valencia se hubiera constituido como reino independiente, la Orden de Montesa, seguramente hubiera tenido que decidir si asentar su sede en el reino de Aragón, con lo que hubiera perdido las posesiones en el reino de Valencia, o hubiera tenido que negociar algún acuerdo con este reino. O quedarse en el reino de Valencia, lo que les hubiera llevado a perder o ver alterados de alguna manera sus privilegios y libertades con respecto al reino de Aragón, pues las órdenes obedecían tan sólo a un rey.

El 25 de octubre de 1349 en la población de Lluchmajor en Mallorca, tuvo lugar la Batalla de Lluchmajor, en la cual, las tropas del rey Pedro IV de Aragón derrotaron a las del rey Jaime III de Mallorca (1315-1349), llamado «el Temerario», y tras esa derrota, el rey Pedro IV de Aragón incorporó el reino de Mallorca a la Corona de Aragón, y en esa batalla tan decisiva, estuvieron presentes los poderosos caballeros de la Orden de Montesa.

En 1356 estalla la llamada Guerra de los Dos Pedros entre Pedro I de Castilla (1334-1369), llamado «el Cruel» y Pedro IV de Aragón, y la Orden de Montesa no dudó en ponerse al servicio real con su fuerza militar y recursos económicos.

En 1382, tras la muerte del maestre Albert de Tous (¿?-1382), hermano del anterior maestre Pedro de Tous (¿?-1374), la corona de Aragón propuso como maestre a Ramón de Vilanova, por ser de un linaje muy ligado al rey, pero esta propuesta no fue bien recibida por la Orden, por lo que conllevaba de injerencia real en el funcionamiento de la misma. Finalmente, el nuevo maestre fue Berenguer March (¿?-1409), propuesto por la Orden.

En abril de 1384 el rey Pedro IV convocó a las Órdenes de San Juan del Hospital, Santiago y Montesa para proteger la frontera pues se temía un ataque del rey del reino nazarí de Granada por tierra y mar. De hecho, en los primeros meses de 1386 las incursiones granadinas debieron ser devastadoras pues se asaltaron las comarcas de Alicante, Biar, Alcoy e incluso Paterna, siendo sultán de Granada Muhemmed IX (1396-1454).

En 1393, el maestre Berenguer March, solicitó al papa Clemente VI (1291-1352), que los miembros de la Orden que lo deseasen, pudiesen ser armados Caballeros según las reglas de la Caballería, petición que aprobó el papa mediante la bula de 5 de agosto de 1393. Esto conllevó a que los aspirantes a entrar en la Orden de Montesa como Caballero, necesitaran probar la nobleza notoria y para los freiles y clérigos, solamente legitimidad y limpieza de sangre.

Así, los aspirantes a caballeros debían probar ser nobles de sangre y no de privilegio al menos en sus dos primeros apellidos. Debían tener escudo de armas y ser descendiente él, sus padres y abuelos varones por ambas líneas de casa solar conocida. No haber desempeñado oficio vil, mecánico o industrial. No tener mezcla con judío, moro o hereje, converso ni villano por remoto que fuese. No haber realizado ningún acto en contra de la fe católica o la iglesia. Ni él, ni sus padres y abuelos debían haber sido nunca penitenciados, se hayan dedicado al préstamo, mercadeo al por menor o hayan tenido oficios que conllevaran esfuerzo manual. No haber faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un caballero.

Ahora hay que hablar brevemente de la Orden de San Jorge de Alfama, la cual, se fundó en 1201, durante el reinado del rey Pedro II de Aragón (1178-1213) llamado «el Católico», aunque no fue aprobada por la Santa Sede hasta 1373, de la mano del papa Gregorio XI (1329-1378). Siempre fue muy pobre, pues en toda su existencia tan sólo poseyó un modesto priorato en Valencia y la inmensidad deshabitada del desierto de Alfama. Además, no disponía de muchos caballeros.

Así, tras subsistir precariamente hasta el agotamiento de sus rentas, en 1399, siendo su maestre Francisco Ripollés comunicó al rey Martín I de Aragón (1356-1410), llamado «el Humano», el estado ruinoso y de extrema necesidad en el que se encuentra la Orden, y el rey tomó la decisión de incorporarla a la Orden de Santa María de Montesa, y así lo convinieron ante el rey, el maestre de la Orden de Montesa Berenguer March y el de la Orden de San Jorge de Alfama Francisco Ripollés, quien renunciaba en ese acuerdo a su Maestrazgo

El papa aceptó la propuesta del rey Martín I de Aragón, y mediante la bula de 24 de enero de 1400 unió para siempre la Orden de San Jorge de Alfama a la Orden de Santa María de Montesa, pasando, esta, a denominarse Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama.

A pesar de que Orden de San Jorge estuviera bajo la Regla de San Agustín, cuando fue anexionada a la Orden de Montesa, esta continuó bajo la Regla de San Benito, la Regla Cisterciense que había profesado desde sus inicios.

Desde esta anexión, el escudo de la Orden de Montesa que hasta ese momento había sido una cruz flordelisada negra de cuatro brazos iguales, añadió en su centro la llamada cruz de San Jorge, una cruz griega roja. Pasando la unión de estas cruces a considerarse el emblema de la Orden de Santa María Montesa.

En 1409, se produjo una crisis interna en la Orden, pues tras la muerte del maestre Berenguer March, a la normal complejidad de elección del nuevo maestre, por los intereses de los caballeros y los propios del rey, se añadieron los intereses del papa aragonés Benedicto XIII (1328-1423), más conocido como el «Papa Luna», debido a su nombre secular Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor​, el cual estaba inmerso en conflicto del Cisma de Occidente, que se extendió de 1378 a 1417, y quería tener a su lado a la poderosa Orden de Montesa.

La Orden de Montesa participó en multitud de campañas junto a los reyes de Aragón. Así en 1410 y 1412, intervino activamente en las campañas de Italia al lado de rey Alfonso V de Aragón (1396-1458), llamado «el Magnánimo».

En estas campañas y hasta 1445, el sexto maestre de la Orden Romeo de Corberá (¿?-1445) y el séptimo maestre Gilaberto de Monsavín (¿?-1453), destacaron enormemente, elevando con ello la Gloria de la Orden de Montesa. 

En 1469, por el casamiento de la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), llamada «la Católica», con el rey Fernando II de Aragón (1452-1516), llamado «el Católico» se unifican ambos reinos en uno, configurando un primer apunte de lo que sería España. A esta unión real se la conoce como los Reyes Católicos.

En 1482 el rey Fernando II de Aragón impuso como IX maestre de la Orden, a su sobrino Felipe de Aragón y Navarra (1457-1488), a pesar de que no era del agrado de los caballeros de la Orden. Recordemos que algo similar ocurrió en 1382, aunque en esa ocasión no fue maestre el candidato impuesto por el rey

Ese mismo 1482, se inició la Guerra de Granada, en la cual, los reinos de Aragón y Castilla lucharon contra el reino Nazarí de Granada. En esta guerra las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, participaron de una forma directa y eficaz en las conquistas de Mojácar, Vélez Rubio, Vélez Blanco y demás pueblos de Almería, muriendo el noveno maestre de la Orden de Montesa Felipe de Aragón y Navarra, en la toma de Baza el 10 de julio de 1488.

Con la toma definitiva de Granada el 2 de enero de 1492, finalizó la Reconquista, y con ella culminaron y concluyeron las gestas militares de las órdenes de caballería, las cuales comenzaron a decaer en su carácter bélico, y con ello en sus directrices fundacionales.

En 1526, la Orden participó en la lucha contra la sublevación de los moriscos en la Sierra de Espadán, siendo este un momento muy delicado, pues no había suficientes tropas instruidas en el Reino de Valencia para hacer frente a la rebelión, pues los corsarios berberiscos atacaban continuamente las costas valencianas.

En 1572, un tribunal de la Inquisición de Valencia condenó por sodomía a Pedro Luis Garcerán de Borja (1528-1592), marqués de Navarrés y hermano de San Francisco de Borja (1510-1572), elegido a los 17 años, y quien fuera el último maestre de la Orden, a 10 años de reclusión en el convento de Montesa, y una multa de 6000 ducados. La condena fue porque tiempo atrás estuvo enamorado de un proxeneta llamado Martín de Castro, el cual, lo delató antes de ser ejecutado.

En esos momentos la Orden de Montesa pasaba de nuevo por una crisis interna que la dividida en facciones por culpa de las enemistades que surgían por la presentación de los candidatos a maestre. Mas, en 1583, Garcerán de Borja, una vez cumplida su condena, al margen de esas disputas, negoció con el rey Felipe II de España (1527-1598), llamado «el Prudente», la incorporación a la Corona de la última Orden que se mantenía independiente, la Orden de Montesa, y así sucedió el 8 de diciembre de 1587 mediante una bula del papa Sixto V (1521-1590).

Y definitivamente en 1592 Felipe II de España asumió el gobierno de la Orden con el título de Administrador Perpetuo. A partir de ese momento, la Orden de Montesa pasó a ser gobernada a través de la figura del lugarteniente general, caballero de hábito en quien delegaba el rey su jurisdicción y que, necesariamente debía residir en el reino de Valencia. En la Corte, el rey contó con el asesor general, también montesano, y el Consejo Supremo de la Corona de Aragón, que ejerció de consejo particular de la Orden de Montesa.

El 29 de junio 1707 esta situación cambió al suprimirse los fueros del Reino de Valencia, pues en la Guerra de Sucesión Española, que se extendió desde 1701 hasta 1713 firmada la paz con el Tratado de Utrecht, el reino de Valencia apostó por Carlos Francisco de Habsburgo y Neoburgo (1685-1740), más conocido como el «Archiduque Carlos», pero la guerra la ganó el rey borbón Felipe V de España (1683-1746), llamado «el Animoso», quien promulgó los Decretos de Nueva Planta, con los que le suprimieron los fueros a todos los reinos que no habían estado a su lado en la guerra.

Y en 1738 tras morir el asesor general, Vicente Monserrat, se suprimió el cargo y sus competencias pasaron al Consejo de las Órdenes Militares.

El final de la Orden de Montesa como tal, se produciría por la Desamortización de 1836, más conocida como la Desamortización de Mendizábal, quien tuvo como promotor a Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853) del que toma su nombre, mediante la cual se exclaustró a los freires y se subastaron los bienes de la Orden, pasando la mayoría de estos a manos privadas. La Orden de Montesa se convirtió en una corporación honorífica, sin más continuidad con la original Orden Militar que sus símbolos y hábitos, y totalmente desligados del espíritu cruzado y de la Iglesia, pues en este ámbito, se prohibieron nuevos ingresos de religiosos.

El patrimonio de la Orden de Montesa se mantuvo con pocos cambios hasta la mencionada desamortización, y hasta ella sólo hubo una alteración importante: la pérdida definitiva de Peñíscola y su castillo en 1488.

Tras la Desamortización, el gobierno mandó que los archivos de la Orden se transfirieran a los archivos estatales, por lo tanto, una parte de los fondos se trasladó a Madrid, y otra parte se encuentra en el Archivo del Reino de Valencia.

Desde el punto de vista eclesiástico, desde 1851, el obispo de Ciudad Real ejerce el cargo honorífico de obispo-prior no sólo de la Orden de Montesa, sino también de las órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara.

La Orden de Montesa continuó su actividad hasta 1931, en que el Gobierno de la Segunda República que se extendió desde el 14 de abril de 1931 hasta el 1 de abril de 1939, suprimió las órdenes militares, aunque les permitió reconvertirse en asociaciones civiles.

Las dignidades y cargos de la Orden según su jerarquía, fueron los siguientes.

Maestre

Era la autoridad suprema al cual elegían los demás miembros de la Orden reunidos en Capítulo General, elevándose al papa la propuesta para su definitiva aprobación.

Comendador Mayor

Asumía la jurisdicción de la Orden en ausencia del maestre.

Clavero

Tenía a su cargo las llaves del Sacro Convento, y la jurisdicción de la villa de Montesa.

Obrero

Cuidaba del mantenimiento y obras del Convento.

Subcomendador

Guarda o alcalde del castillo.

Subclavero

Ejercía la jurisdicción temporal sobre las villas de Montesa y Vallada.

Hermanos. Que podían agruparse en dos grupos:

Los guerreros o Caballeros Cruzados.

Eran los que cumplían su cometido en el campo de batalla.

Los religiosos o Capellanes adscritos a la Orden.

Dedicados al servicio de las parroquias de la Orden. Siendo la cabeza de todos ellos el Prior del Sacro Convento de Montesa.

Escuderos

Acompañaban a los Hermanos.

Vasallos

Encargados del comercio y negocios.

Siervos

Encargados de las tareas manuales, siendo obreros, agricultores, etc. 

Y un largo número de cargos más.

Todos los miembros de la Orden, tanto freires monjes como freires caballeros, debían mantener los tres votos religiosos tradicionales de castidad, pobreza y obediencia.

Mas, el voto de castidad cambió en 1558, pues el último maestre de la Orden Galcerán de Borja, contrajo matrimonio, y con esto todos los caballeros que quisieron casarse pudieron hacerlo con permiso del maestre, ratificando esta situación mediante dos bulas, promulgada una de ellas en 1584 por el papa Gregorio XIII (1502-1585), y la segunda por el papa Sixto V en 1588. En la actualidad ya no hace falta tampoco pedir permiso al maestre.

Respecto a la organización interna, la Orden de Montesa se regía por sus Definiciones, es decir las reglas de conducta que los miembros, tanto religiosos como caballeros, que tenían la obligación de conocer, guardar y observar, tanto en tiempo de paz, como en tiempo de guerra. Esto sería lo que en la actualidad llamaríamos el Reglamento de Régimen Interno. En las Definiciones se especificaban todas las obligaciones del monje junto con todo un sistema penitencial para corregir las posibles desviaciones.

El castillo de Montesa contaba con una situación estratégica controlando el valle de Montesa, vía de acceso natural hacia Castilla, además, se encontraba en la frontera sur del reino en territorios ya reconquistados, pero con numerosa población musulmana.

Junto al castillo, fue edificado el Sacro Convento de Montesa. Las obras fueron iniciadas durante el maestrazgo de Pedro de Tous, continuando las mismas otros maestres como Luis Despuig (1410-1482) y Francesc Bernat Despuig i Rocafull (¿?-1537).

El gobierno del castillo se ejercía a través de tres responsables:

El prior

Era la dignidad eclesiástica más importante de toda la Orden.

El subcomendador

Hacía las funciones de alcaide del castillo.

El subclavero

Ejercía la jurisdicción temporal sobre las villas de Montesa y Vallada.

Ahora bien, la elección de Montesa como sede de la Orden no fue casual, pues la villa y su castillo están entre dos grandes zonas montañosas del interior, en aquel tiempo habitadas por musulmanes siempre dispuestos para la rebelión, y al mismo tiempo estaba bien comunicada con Valencia y con la cercana Játiva a unos 18 kilómetros. Y como ya he citado, era el paso natural para comunicarse con el reino de Castilla.

Sobre el emblemático castillo de Montesa, cabe comentar que existen vestigios del mismo desde las épocas íberas y romanas, pero fue en la época islámica cuando el castillo tomó relevancia por su situación geográfica de dominio de todo el valle, siendo el castillo el origen de la ciudad de Montesa.

Desde el castillo de Montesa los musulmanes vivieron la rendición de Xàtiva en 1244. Más tarde, en 1277 fue conquistado por Pedro III de Aragón (1239-1285), llamado «el Grande», pasando el mismo a la Orden de los Templarios hasta su desaparición en 1317. Y como ya he citado, en 1319, el rey Jaime II de Aragón donó el castillo, la ciudad y el término, a la Orden de Montesa, los cuales reconstruyeron el castillo al estilo gótico y lo ampliaron, realizándose importantes obras y mejoras entre 1327 y 1374, periodo en el que construyeron el convento para atender las obligaciones monacales de los religiosos de la Orden. Además, por sus gruesos muros, el castillo fue considerado como uno de los más fuertes de la época, y en su plaza de armas podían formar hasta 2.000 hombres.

El convento se edificó según el modelo de los monasterios cistercienses, Regla a la que pertenecía la Orden. La obra más importante se realizó durante el maestrazgo de Pedro de Thous que mandó construir la Sala Capitular, el refectorio, la iglesia, una cisterna, el horno y la muralla que rodea al convento. A finales del siglo XIV durante el maestrazgo de Berenguer March se construyó el claustro. Y en el siglo XV se construyeron los dormitorios y la capilla de San Jorge.

En el castillo-convento vivían habitualmente una veintena de frailes, cuya ocupación principal la constituían las oraciones, es decir, de 4 a 8 horas para celebrar el Oficio Divino, unas 7 horas para dormir, y el resto de horas dedicadas en partes iguales a trabajar, estudiar y a la lectura religiosa.

En 1748 un terremoto destruyó el castillo de Montesa y su convento, al ceder y caer la roca donde se asentaban, muriendo la práctica totalidad de las personas que allí se encontraban. Al ver el ruinoso estado en que quedo, la Orden de Montesa trasladó su sede a Valencia, a la llamada Casa o Palacio del Temple. Una vez en Valencia, en las Cortes Valencianas el maestre ocupó el segundo lugar del brazo eclesiástico, después del arzobispo de Valencia Andrés Mayoral Alonso de Mella (1685-1769), más conocido como el «arzobispo Mayoral».

Tras ser abandonadas las runas del castillo, estas fueron declaradas monumento arquitectónico-artístico en 1926 durante el reinando en España del rey Alfonso XIII (1886-1941), llamado «el Africano».

Hoy el castillo, aunque está en ruinas y tan sólo muestra los cimientos y algunos lienzos de no mucha altura, conserva elementos islámicos como la entrada en codo y la albacara, que es un recinto cerrado para guardar el ganado, pudiéndose visitar acompañado de un guía que te explica toda la grandeza que tuvo en su momento de gloria.

Quiero apuntar que el castillo de Perpuchent fue el único que la Orden de Montesa tuvo en el sur del reino de Valencia, estando ubicado en un lugar que no era estratégico, ni siquiera con respecto al valle de su mismo nombre.

El «Llibre d’escriptures originals de Pere Llobet de Balenya, atorgades en temps dels dos primers Mestres de Montesa, fra Guillem d’Erill i fra Arnau Soler» escrito entre 1319 y 1321, es el que pudiera ser el primer libro con registros y documentos de la Orden de Montesa. Mientras que el libro «Actes de possessió del Maestrat de Montesa pel rei Felip II», es el libro de las actas de posesión, pueblo a pueblo, de la Orden de Montesa, escritas por los comisionados del rey Felipe II de Aragón, ya que en 1592 la Orden fue incorporada a la Corona Castellano-Aragonesa.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Orden de Montesa, que espero haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la primera de la tercera parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día 6 de octubre de 2020, hablaré sobre unos nuevos tipos de órdenes, las órdenes Honoríficas, Nobiliarias y Dinásticas, y comenzará esta tercera parte del ciclo con la Real y Militar Orden de San Fernando.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

– Montesa Ilustrada. Dotot Fery Hippolyto de Samper. Prior de San Jorge. Tomo I. 1669

– Los Magistrados y Tribunales de España. Lorenzo Santayana Bustillo. 1700. Josepla Fort. 

– Real Maestrazgo de Montesa. Joseph Villarroya. 1787. Oficina de Benito Monfort.

– Los castillos de la orden de Montesa en el contexto del siglo XIV. Myriam Navarro Benito. 1984. Universidad de Alicante.

– Historia y trages [sic] de las órdenes religiosas militares. 1848. Abate Tiron. Barcelona.

– Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV). Carlos de Ayala Martínez. 2007. Madrid.

– Santa María de Montesa la orden militar del Reino de Valencia (ss. XIV-XIX).  Josep Cerdà i Ballester y Juan Francisco Pardo Molero. 2019. Universidad de Valencia.

– Los orígenes de la piratería islámica en Valencia. Andrés Díaz Borrás. 1993. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

– La Orden de Montesa: Estudio de las rentas de la Bailia de Cervera: 1587-1623. Varios autores.

Webs

– Wikipedia

– Real Academia de la Historia

– reasilvia.com

– La crisis de la historia.com (Revista de historia)

Otros

– Príncipe de Viana. Juan Biox Salvador. Gobierno de Navarra. 2017

– Historia medieval. Anales de la Universidad de Alicante 13. José Hinojosa Montalvo. Myriam Navarro Benito. 1984. Departamento de Historia Medieval. 2010. Université de la Sorbonne Nouvelle.

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