El periodismo tiene su origen en la información de sucesos históricos, es decir en la épica, como Homero en La Ilíada y la Odisea, o Heródoto, Tucídides y otros griegos o incluso nos podríamos remontar a la prehistoria con las pinturas rupestres, ¿no son acaso las pinturas de Altamira una forma de  periodismo? O los jeroglíficos egipcios, porque su objetivo fundamental  es contar sucesos de sus faraones-dioses de una forma rigurosa, para dejar testimonio de lo ocurrido. En época romana se publicaban gacetas de los actos y hecho del circo romano. Actualmente son los periódicos cuya etimología es periodicus (algo que sucede a intervalos regulares) conocido en latín como Acta diurna. Julio César nos da cuenta de la Guerra de las Galias, que estudiamos en las prácticas de latín, al menos yo, que soy de letras. 

Toda esa evolución  es consecuencia de un empuje inicial, los héroes épicos  o clásicos se diferenciaban poco de los dioses, y, a la vez, se asemejan en el ligero matiz, a los personajes actuales en la prensa diaria, bien políticos o intelectuales, escritores o científicos, y también hoy en la televisión. Al asumir el hombre su arriesgada condición mortal desea perpetuarse en su obra, bien literaria o artística, antiguamente eran hechos heroicos, conquistas, batallas, gestas o “trabajos” como la del mito de Hércules.

Actualmente casi todos los novelistas escriben en diario como Antonio Muñoz Molina o Arturo Pérez Reverte, como antiguamente lo hicieron Mariano de Larra, Benito Pérez Galdós, Azorín, Pío Baroja (A principios del siglo XX (1903) estuvo en Tánger como periodista corresponsal de prensa escrita de El Globo, impreso en Madrid), como Ramiro de Maeztu que conforman el Grupo de los Tres, dando nacimiento a la generación del 98 (Tomado por el desastre de 1898, en la guerra de España contra Estados Unidos que perdimos a Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam en el Pacífico), luego se unen Unamuno, los hermanos Machado, Ramón del Valle-Inclán, Carmen de Burgos. Este desastre ocurrió durante la Regencia de María Cristina de Habsburgo, tras la muerte de su marido Alfonso XII. La regente estaba embarazada del futuro Alfonso XIII. Hasta la mayoría de edad, reinó como regente entre 1885 y 1902. Luego vinieron los sucesos de la guerra de África con revistas ilustradas. La guerra civil con Miguel Hernández fue, además de poeta, un corresponsal de varias revistas. 

Porque la misión del periodista, narradores del quehacer diario, es hacer justicia como un Quijote contando la historia de los que han sufrido o padecido, evocando el recuerdo sereno, no vengativo, de los humillados y ofendidos. Y ser fiscalizador del poder. Usando el lenguaje  con una  interpretación de los acontecimientos y el despliegue del lenguaje en todas sus posibilidades y registros. El rigor en la expresividad y la breve extensión  del texto resumido, pero diciéndolo todo, es una de sus cualidades técnicas. Uno de los pecados de aprendiz de periodista es el abuso de la adjetivación que lo único que hace es divagar, dar rodeos, y la vaguedad, que, sin duda es no atacar el asunto directamente. Se ha de tener en cuenta estas seis bases o reglas: «qué, dónde, cuándo, quién, por qué y las consecuencias».  Con estas seis reglas se construye un artículo perfecto de información de sucesos. Un artículo de prensa es como un informe que se le va a dar a un juez popular, el juez es el público lector.

El título de un artículo es básico, hoy se usa mucho una especie de una pregunta trampa como, por ejemplo: «¿Sabías que los huevos fritos con patatas fritas son malos?» y después habla de otra cosa, porque quién no come huevos con patatas fritas.  Es el típico de “título anzuelo” usado en la prensa digital. Y luego te  venden un producto dietético. Es como ese dicho periodístico que hemos oído hasta la saciedad, lo de que es noticia que un hombre mordió a un perro, pero no es noticia que un perro muerda a un hombre porque es casi normal. Es decir, que la noticia es lo anormal.

La información del columnista de opinión es siempre relativa, sirve a la ideología de periódico que le da de comer.  Éste es un género abierto: grandes y pequeños reportajes, reportajes de investigación, de viajes, de crónicas, de entrevistas, de recreación histórica, biográficos, vitales, de los que levantan historias sencillas de la gente común pero singular. La calidad de un periódico se ve en la calidad de sus colaboradores por el estilo de su escritura, que ante todo debe ser rigurosa. Otra cuestión es una novela, un poema o un relato literario de ficción.

Da igual que se escriba de política, de la guerra, de las tragedias sociales, de una anécdota o del diálogo que refleja el intelecto o la humanidad. Lo que importa es la calidad de la opinión y el estilo de quien lo escribe, como es, por ejemplo José María Carrascal en ABC, la firma, por su experiencia como corresponsal, cuenta mucho. 

Como escribe Bieto Rubio director de ABC:

«La esencia del periodismo es contar buenas historias, que sean verdaderas y que estén bien escritas. Era así antes, lo sigue siendo ahora, lo será en el futuro, al margen del soporte en el que depositemos esos relatos, del formato en el que los presentemos. Los valores del periodismo auténtico son universales y permanecen en el tiempo aunque podamos envolverlos en el papel de parafina del progreso tecnológico. Avance que, no cabe duda, nos amplía públicos, nos regala oportunidades creativas, nos obliga a más, pero que en absoluto cuestiona ni aún menos altera la médula del oficio».

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